top of page

El andalucismo de salón que ahora aplauden los medios

  • 18 may
  • 2 min de lectura


Resulta fascinante ver cómo una parte del periodismo y del ecosistema político-mediático español se emociona ahora con el supuesto “renacer del sentimiento andalucista”. De repente, porque Adelante Andalucía ha conseguido representación y habla de influir en Madrid “como hacen Cataluña, Galicia o el País Vasco”, ya tenemos a toda una generación de opinólogos vendiéndonos que Andalucía necesitaba su propio nacionalismo político.


Y claro, ahí aparecen los mismos de siempre: periodistas encantados de escucharse a sí mismos, politólogos modernitos que convierten cualquier moda ideológica en un fenómeno histórico y tertulianos que llevan años criticando determinados discursos identitarios… hasta que los hace la izquierda.


Porque aquí está la gran trampa. Nos intentan vender que esto no es nacionalismo. Que esto es “andalucismo social”, “identidad cultural”, “defensa del territorio”, “voz propia”. Es decir, exactamente las mismas expresiones con las que durante décadas se ha blanqueado cualquier nacionalismo periférico en España.


Pero cuando uno rasca un poco, lo que aparece es bastante más simple: un Podemos con bandera andaluza.

Porque Adelante Andalucía no habla en nombre de todos los andaluces. Habla exclusivamente en nombre de los colectivos que ellos consideran legítimos. La “clase trabajadora”, la “clase obrera”, determinados movimientos ideológicos, el colectivo LGTBIQ+, los activistas de su órbita política y cultural. Perfecto, están en su derecho. Pero entonces no hablen de “sentimiento andaluz” como si representaran a ocho millones de personas.


Representan una parte concreta de Andalucía. Una parte ideológica. Exactamente igual que cualquier otro partido. Y además vuelven a caer en el viejo vicio arrogante del nacionalismo: el “nosotros primero”. Andalucía primero. Cataluña primero. Euskadi primero. Galicia primero. Todos terminan funcionando igual. Todos terminan defendiendo que su territorio debe tener prioridad política, económica o identitaria frente al conjunto nacional.


Lo verdaderamente cómico es ver cómo muchos de los que se escandalizan cuando Vox habla de prioridad nacional, luego aplauden con entusiasmo cuando un partido regional plantea exactamente el mismo esquema mental pero con acento autonómico.


Ahí ya no es “peligroso”. Ahí es “pluralidad territorial”. Ahí es “riqueza democrática”. Ahí es “voz propia”.

La contradicción es tan obscena que ni siquiera intentan disimularla. Y ese es el verdadero problema de fondo: no estamos ante un fenómeno político nuevo, estamos ante otro ejemplo más de cómo los medios de comunicación fabrican relatos dependiendo de quién pronuncie el discurso. Si el identitarismo viene desde ciertos sectores de izquierdas, entonces es sensibilidad social. Si viene desde otros espacios ideológicos, entonces es extremismo.


La misma idea. El mismo mecanismo. Distinto tratamiento mediático. Y luego todavía se preguntan por qué cada vez más gente desconfía de los grandes analistas y de los supuestos expertos que llevan años intentando decidir qué nacionalismo es elegante y cuál es intolerable.


Miguel Ángel Arranz

bottom of page