EL AQUELARRE SOCIALISTA

Madrid ha vuelto a descubrir la Puerta del Sol. Tiendas de campaña, pancartas, consignas, actores, cantantes y ese inconfundible aroma a 15M que algunos llevaban demasiado tiempo echando de menos.
El detonante ha sido el desahucio de Maricarmen, una mujer de 87 años que llevaba más de setenta viviendo en su casa. Un caso suficientemente dramático como para merecer una respuesta seria. Pero alrededor de Maricarmen ya se ha levantado algo bastante más grande: manifestación, acampada, desobediencia, actuaciones y desfile de personajes del mundo de la cultura.
Sujétame el cubata. O, puestos a recuperar todas las esencias de Sol, sujétame el porrillo.
Porque determinada izquierda nunca ha terminado de asumir que la calle es de la gente y no patrimonio suyo. Cuando la ocupa la izquierda, es ciudadanía movilizada. Cuando aparecen determinadas protestas desde la derecha, entonces llegan la crispación, los ultras y la amenaza. Curiosa concepción de la democracia: la calle es de todos, pero algunos parecen tener escritura de propiedad.
Y mientras se levantaban las tiendas en Sol, el PSOE celebraba en Getafe su particular aquelarre electoral. Pedro Sánchez, Óscar López, candidatos, alcaldes, aspirantes y más de 2.000 asistentes, según la organización. ¿Y cuál fue uno de los grandes asuntos del acto? La vivienda.
Maravilloso.
Unos acampan para protestar por el desastre de la vivienda y, prácticamente al mismo tiempo, quienes llevan ocho años gobernando España presentan otro anuncio para solucionar el problema de la vivienda.
Aquí nunca pasa nada. Simplemente falta otro decreto.
Y mientras contemplamos el espectáculo, conviene observar cómo funciona la política española: aparece una nueva bandera y la anterior desaparece del escaparate. Hace unos días hablábamos de Ceuta. De campamentos, menores, fronteras y de unos ciudadanos que reclamaban respuestas. Hoy las cámaras están en Sol.
Que se preparen los ceutíes. Ahora sí que están solos de verdad. Ya tenemos nuevo leitmotiv, nueva pancarta y nuevo escenario.
Y que nadie confunda la crítica. El problema de la vivienda es real y gravísimo. Precisamente por eso merece bastante más que convertirse en combustible político. Y Maricarmen merece bastante más que acabar transformada en el icono de una batalla ideológica que probablemente sobrevivirá mucho más en las pancartas que su problema concreto en los titulares.
Ahora veremos lo de siempre: famosos, actores, cantantes, autodenominados referentes culturales y políticos acercándose convenientemente a Sol. Después llegarán las fotografías, los discursos y quienes intentarán convertir la indignación en estructura política. Ya ocurrió.
De aquel 15M terminaron saliendo partidos, cargos, ministros, asesores y toda una nueva clase política que prometió acabar con la vieja política y terminó aprendiendo extraordinariamente rápido a vivir dentro de ella.
Por eso la fotografía de este fin de semana resulta magnífica.
En Sol, la izquierda protesta porque la vivienda es un desastre.
En Getafe, el PSOE promete solucionar el desastre de la vivienda.
Y Pedro Sánchez gobierna España desde 2018.
No sé si llamarlo movilización, campaña electoral o simplemente nostalgia.
Pero aquelarre hay para rato.
Miguel Ángel Arranz
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