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EL BULEVAR INFINITO: MAQUETAS, PORTADAS Y CERO OBRA.

  • 25 abr
  • 2 Min. de lectura


Hay proyectos que transforman ciudades. Y luego está el bulevar de Alcobendas. Veinte años. Veinte años exactamente igual. Ni una transformación real. Ni una ejecución completa. Ni una decisión política valiente. Solo anuncios.


En 2017 nos vendieron el Eco-Boulevard. El gran salto adelante. Sostenibilidad, innovación, movilidad inteligente. El típico proyecto que suena moderno, europeo y financiable. Todo encajaba… salvo una cosa: la ejecución. Porque no se hizo. Se presentó, se explicó, se dibujó, se vendió… y se guardó en un cajón.


Después llegó la etapa de Rafael Sánchez Acera. Y aquí ya no había excusas. Después de años de discurso, tocaba hacer algo. Y lo hicieron. Un parking. Una plaza. Nada estructural. Nada transformador. La versión mínima de lo que antes era una gran idea. Y aun así, salió mal.


No es una metáfora. No es una exageración. Se hundió. Derrumbe, paralización, demolición y retrasos. Cuando por fin ejecutan algo, ni siquiera se sostiene. Eso resume bastante bien el nivel de planificación de aquella etapa: cuando pasan del PowerPoint a la obra, el resultado es un problema.


Ni el gran proyecto. Ni la pequeña obra. Y cuando ya no puedes defender ni una cosa ni la otra, haces lo único que queda: cambiar el relato.

2026. Nuevo nombre: «Bulevar Madrid Norte». Ahora ya no es un bulevar de Alcobendas. Ahora es un eje estratégico. Ahora conecta con el futuro distrito financiero. Ahora forma parte de algo más grande, más ambicioso, más lejano… y más difícil de comprobar. El clásico truco político: cuando no puedes enseñar resultados, amplías el horizonte.


Pero la realidad no cambia. El suelo es el mismo. La calle es la misma. El problema es el mismo. Y lo que viene ahora es perfectamente previsible. Portadas. Muchas portadas en el 7 Días. Infografías impecables. Renders perfectos. Vídeos en 3D donde todo funciona, todo brilla y nada se hunde. Y después… nada.


Porque este bulevar tiene una constante que ningún alcalde ha querido romper: nadie se atreve a hacerlo de verdad. Se llenan la boca con la transformación urbana, pero ninguno inicia una intervención real de calado. Nadie asume el coste político de levantar, cortar, reorganizar y transformar de verdad ese eje. Nadie quiere enfrentarse al problema real. Así que hacen lo que es más fácil: anunciar.


Vinuesa lo lanzó. Sánchez Acera lo intentó… y se le cayó. Rocío García Alcántara lo vuelve a presentar. Tres nombres. Tres relatos. Cero transformación.


Para que los vecinos tengan claro de qué va esto: este artículo no es una opinión. Es un recordatorio necesario. El bulevar Salvador Allende lleva 20 años esperando. No por falta de ideas. Por falta de ejecución. Porque aquí no ha habido evolución. Ha habido sustitución de relato.


Y en política, cuando un proyecto necesita reinventarse cada pocos años, no es porque avance. Es porque no se hace.


El bulevar no es un proyecto. Es un escaparate. Y los vecinos no necesitan más maquetas. Necesitan, por una vez, que alguien deje de anunciar… y empiece a hacer.


Miguel Ángel Arranz

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