Fundación Ciudad de Alcobendas: la cloaca que nadie quiere limpiar.
- hace 2 días
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Hay algo que une hoy al Partido Popular, al PSOE, a Vox, a Más Madrid y a Aitor Retolaza en Alcobendas. No es un gran proyecto de ciudad. No es una visión estratégica compartida. No es siquiera una idea común de cómo debe crecer Alcobendas.
Lo que realmente les une es algo mucho más simple: ninguno quiere cerrar la Fundación Ciudad de Alcobendas.
Y no quieren cerrarla porque la Fundación no es ya una herramienta útil para la ciudad. Hace mucho tiempo que dejó de serlo. Hoy es, simple y llanamente, un mecanismo político de colocación, un ente cómodo donde todos callan porque todos saben que algún día les puede tocar utilizarlo. Y además conviene dejar algo muy claro desde el principio: aquí no hay rumores, ni invenciones, ni “bulos”, como ahora se intenta etiquetar cualquier crítica incómoda. Todo lo que se expone en este artículo sale de la propia Memoria Económica 2024 de la Fundación Ciudad de Alcobendas, publicada oficialmente y accesible en internet. Son sus propios datos. Sus propias cifras. Sus propias cuentas.
La propia memoria económica de 2024 es demoledora. La Fundación reconoce que uno de sus grandes objetivos es “reducir la dependencia de los fondos públicos” y captar financiación privada mediante patrocinios, eventos y colaboraciones.
La realidad, sin embargo, vuelve a destrozar el discurso institucional.
La Fundación sigue viviendo, esencialmente, del dinero del Ayuntamiento de Alcobendas. Más del 67% de sus ingresos proceden directa o indirectamente de fondos públicos municipales. Y mientras tanto, casi el 70% de la subvención directa del Ayuntamiento termina destinado a gastos de personal. Es decir: el dinero de todos termina financiando estructuras internas y salarios.
Porque ésa es la verdadera función que ha acabado teniendo la Fundación.
No atraer inversión.
No dinamizar Alcobendas.
No generar riqueza.
No recaudar fondos privados.
No.
Su función real ha sido convertirse en un espacio de colocación política permanente. Y lo más grave es que ni siquiera intentan disimularlo. En la Fundación Ciudad de Alcobendas no existe un proceso de oposición abierto como el que sí tiene cualquier trabajador municipal. No existe igualdad real de acceso. No existe mérito ni capacidad como principios efectivos de entrada. Lo que existe es libre designación, afinidad política y confianza personal.
Traducido al castellano: colocación.
Y no hablamos de teoría. Hablamos de nombres concretos. Ahí aparece Patricia Moreno Bel, gestora de comunicación de la Fundación Ciudad de Alcobendas, ex asesora de Podemos y posteriormente incorporada mediante libre designación dentro de la estructura impulsada por la alcaldesa del Partido Popular, Rocío García Alcántara. Distintos medios publicaron una retribución cercana a los 33.000 euros brutos anuales.
También aparece Mónica Álvarez del Manzano Miró, gestora de proyectos de la Fundación, con una retribución publicada en torno a los 44.000 euros brutos anuales.
Y María Reyes Cervera de la Paz, vinculada a tareas de coordinación y gestión interna, igualmente situada en torno a los 33.000 euros brutos anuales según distintas informaciones publicadas. Y claro, aquí es donde empieza el verdadero problema político.
Porque la Fundación Ciudad de Alcobendas se ha convertido en algo muy parecido a un espacio donde caben colocaciones de todos los colores políticos mientras el contribuyente paga la factura. Y esto no empezó ayer.
La etapa más oscura de la Fundación llegó precisamente durante el periodo de Rafael Sánchez Acera. Ahí la Fundación terminó de degradarse hasta convertirse en una auténtica agencia de colocación paralela del PSOE local. Se colocó a diestro y siniestro. Compromisos personales, redes de afinidad, estructuras clientelares y cargos construidos más por cercanía política que por necesidad real para la ciudad. Aquello no era una fundación orientada al interés público. Era un refugio político pagado con dinero público.
Pero en realidad tampoco era algo que sorprendiera demasiado a quienes conocían cómo entiende Rafael Sánchez Acera la política. Porque si algo definió aquella etapa fue precisamente la opacidad, la falta de transparencia y una manera de actuar donde el interés político y personal siempre parecía estar por encima del interés general. Y mucha gente me lo dijo en privado durante aquellos años: “No te extrañe lo que está haciendo Rafa, porque siempre ha sido así”.
Un político oscuro.
Un político poco transparente.
Un político que entiende la política primero para sí mismo, después para sí mismo y finalmente también para sí mismo.
Y sinceramente, viendo lo que ocurrió con la Fundación Ciudad de Alcobendas durante aquella etapa, resulta difícil decir que estaban equivocados. Porque la Fundación terminó convertida en una estructura donde el PSOE local colocaba perfiles afines mientras se vendía públicamente un supuesto proyecto de promoción económica y dinamización de ciudad que nunca terminó de justificar realmente el dinero público que absorbía. Y lo más curioso es que ahora nadie quiere hablar de ello.
Ni siquiera quienes supuestamente venían a cambiar las cosas. Porque el Partido Popular ha heredado exactamente el mismo modelo y lo mantiene intacto. Cambian algunos nombres, cambian algunos sillones, pero la estructura sigue ahí. El sistema sigue funcionando exactamente igual. Y aquí aparece el silencio más vergonzoso de todos: el de la oposición.
Porque ni Vox, ni PSOE, ni Más Madrid, ni el desaparecido Aitor Retolaza plantean seriamente eliminar la Fundación.
El PSOE no lo hará jamás, porque conoce perfectamente el enorme valor político que tiene disponer de una estructura así cuando gobierna.
Más Madrid tampoco, porque vive instalado en el sindicalismo institucionalizado y en la creación constante de estructuras públicas dependientes del presupuesto.
Y Vox… Vox directamente ha decidido convertirse en una oposición acomplejada, incapaz de enfrentarse a este tipo de organismos porque sabe perfectamente que señalar esto implica enfrentarse a todo el sistema político local.
Y luego está Aitor Retolaza , que sencillamente no pinta absolutamente nada en este asunto, aunque merece un monográfico.
Al final todos comparten la misma lógica:
“Hoy están los tuyos, mañana estarán los míos.”
Ésa es la gran verdad que nadie quiere decir en voz alta. Por eso todos siguen sentados en el patronato. Por eso todos aprueban memorias. Por eso todos levantan la mano. Por eso nadie exige una auditoría política seria de la Fundación.
Porque la Fundación se ha convertido en un pacto tácito entre partidos para mantener una estructura útil para cualquiera que llegue al poder. Y mientras tanto, Alcobendas sigue pagando.
Lo más sangrante es que la Fundación nació, precisamente, para intentar captar recursos externos y promocionar la ciudad sin cargar aún más al contribuyente. Ese era el discurso original. Ésa era la justificación política para crearla. Pero casi veinte años después seguimos exactamente igual: dependencia masiva del Ayuntamiento, estructura política hipertrofiada y escasa capacidad real para sostenerse por sí misma.
La memoria económica es clara. Los ingresos privados siguen siendo muy inferiores a los públicos. Y el excedente final del ejercicio apenas supera los 7.700 euros. Una cantidad ridícula para una estructura que mueve cientos de miles de euros anuales.
La pregunta entonces es muy simple:
¿De verdad Alcobendas necesita esto?
¿Necesita una fundación que depende del Ayuntamiento, que vive fundamentalmente del presupuesto municipal, que dedica una enorme parte de los recursos a salarios y cuya utilidad real para el ciudadano es cada vez más difícil de justificar?
Porque si la Fundación no recauda lo suficiente.
Si no logra independencia financiera.
Si no genera un retorno evidente.
Si no funciona como motor económico autónomo.
Entonces deja de ser una herramienta estratégica y pasa a ser simplemente un gasto político permanente. Y en todo esto hay algo que también conviene recordar.
Yo, ya me enfrenté públicamente a Rafael Sánchez Acera precisamente por esto. Ahí empezó mi pelea política real contra la Fundación Ciudad de Alcobendas. Y ahí empezó también mi aislamiento dentro del Ayuntamiento. Porque tocar la Fundación era tocar uno de los grandes consensos ocultos de la política municipal.
Pleno tras pleno, mediante mociones, preguntas y propuestas, defendí eliminar la Fundación Ciudad de Alcobendas. Lo hice cuando otros callaban. Lo hice cuando otros miraban hacia otro lado. Lo hice cuando muchos preferían no molestar demasiado porque sabían perfectamente para qué servía realmente aquella estructura. Y ninguno quiso acabar con ella.
Ninguno.
Ni PSOE.
Ni Partido Popular.
Ni Vox.
Ni Podemos
Ni Ciudadanos

Todos encontraron siempre una excusa para mantenerla viva. Y en honor a la verdad, también conviene decir una cosa. La única persona dentro del arco municipal con la que encontré cierto entendimiento respecto a la necesidad de cambiar el modelo de la Fundación Ciudad de Alcobendas fue Horacio Rico. No planteaba eliminarla, como defendía yo, pero sí modificar su peso específico y replantear parcialmente su funcionamiento. Fue el único apoyo que encontré en todo aquel debate.
Eso sí, un apoyo muy limitado, en su momento.
Porque al final nadie quiso llegar hasta el fondo del problema real: la utilización política de una estructura financiada con dinero público y convertida durante años en una herramienta de colocación y control institucional.
Porque al final la Fundación no pertenece realmente a un partido. Pertenece al sistema político municipal. Es una herramienta útil para cualquiera que gobierne mañana.
Hoy colocas tú.
Mañana colocaré yo.
Ésa es la verdadera filosofía que lleva años sosteniendo la Fundación Ciudad de Alcobendas. Y no me arrepiento de haberme enfrentado a ello. Porque tarde o temprano el vecino acabará entendiendo lo que realmente es esto: un chiringuito institucionalizado pagado con dinero público. Y lo peor es que la Fundación Ciudad de Alcobendas no es el único. Porque en próximas entregas seguiremos hablando de asesores, directores de gabinete, coordinadores de equipo, estructuras paralelas, cargos de confianza y de cómo se ha ido construyendo durante años toda una red política alrededor del dinero público en Alcobendas.
Y además, exactamente igual que en este artículo, todo se hará con datos contrastados, documentación pública y hechos que cualquier vecino podrá comprobar directamente tanto en la página web oficial como en los documentos oficiales del Ayuntamiento de Alcobendas.
Continuará.......
Miguel Ángel Arranz

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