ESTÁN EN LA SEGUNDA FASE
- 4 jun
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Hay algo fascinante en la forma de actuar del sanchismo cuando estalla un escándalo. Ya ni siquiera intentan innovar. Siguen un manual tan previsible que cualquiera que lleve unos años observando la política española puede anticipar perfectamente cuál será el siguiente movimiento.
Estamos ahora mismo en la segunda fase.
La primera ya la hemos visto todos.
«¿Leire? ¿Qué Leire?» «No sabemos quién es.» «No tiene ninguna relevancia.» «Es una simple militante.»
Poco más y nos hacen creer que Pedro Sánchez se hizo una foto con ella porque era una admiradora especialmente insistente que quería conocer a su líder político. Una simpatizante cualquiera. Una más entre miles. Nada que ver con el partido. Nada que ver con Moncloa. Nada que ver con nadie.
La estrategia siempre es la misma: negar cualquier relación hasta que la evidencia hace imposible seguir sosteniendo la mentira.
Entonces llega la segunda fase. Y en esa fase están ahora.
Porque resulta que sí la conocían. Porque resulta que sí tenía relación con el Partido Socialista. Porque resulta que sí cobró dinero. Porque resulta que sí realizó trabajos. Porque resulta que sí mantenía contactos. Porque resulta que sí aparecía donde no debía aparecer.
Entonces el relato cambia. Ya no es una desconocida. Ahora pasa a ser una colaboradora ocasional. Una persona que hacía algunas cosas. Algo puntual. Algún encargo. Algún trabajo. Nada importante. Lo justo para admitir una parte de la realidad mientras intentan esconder el resto.
Pero la experiencia nos dice que todavía queda la tercera fase. Y esa es la más interesante. La tercera fase consiste en reconocer los hechos, pero desvincular completamente al partido de los hechos.
Sí, trabajaba. Sí, hacía gestiones. Sí, movía contactos. Sí, actuaba para proteger intereses concretos. Sí, participaba en determinadas operaciones.
Pero lo hacía por su cuenta. Por iniciativa propia. Por libre. Como una especie de francotiradora política que actuaba movida por el amor incondicional a Pedro Sánchez y al PSOE.
Nadie le decía nada. Nadie le daba instrucciones. Nadie la coordinaba. Nadie la supervisaba. Ella sola. Siempre sola.
Es el milagro permanente del sanchismo: personas que aparecen en el entorno del poder, que cobran del entorno del poder, que trabajan para el entorno del poder, que defienden al entorno del poder y que actúan en beneficio del entorno del poder… pero que, casualmente, nunca tienen nada que ver con el poder.
Y cuando ni siquiera esa explicación funciona, cuando los hechos siguen acumulándose y la realidad resulta demasiado evidente, entonces llega la fase final. La del sacrificio individual. La del “actuó por su cuenta”. La del “nos engañó a todos”. La del “tenía problemas personales”. La del “nadie sabía nada”. La del “el partido es la verdadera víctima”.
Porque en el sanchismo nunca hay responsables políticos. Nunca hay una estructura. Nunca hay una cadena de mando. Nunca hay decisiones organizadas. Siempre aparece algún personaje secundario que termina cargando con toda la responsabilidad mientras los que estaban arriba aseguran que no sabían absolutamente nada.
Por eso resulta tan importante observar en qué fase del relato se encuentran. Y ahora mismo están exactamente ahí. Han abandonado el “no la conocemos”. Han entrado en el “bueno, sí, algo tenía que ver”.
Lo que viene después ya lo conocemos todos. Porque el guion siempre es el mismo.
Miguel Ángel Arranz

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