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Eurovision: la mayor política exterior de Sánchez

  • 12 dic 2025
  • 2 Min. de lectura


Aquí la política exterior de España, resumida en un plató, un micrófono y una pataleta: no vamos a Eurovisión. Punto. Ese es el gran gesto diplomático. Esa es la gran ofensiva internacional. Esa es la bandera que ondea ahora mismo en los despachos donde antes se hablaba de geoestrategia, energía, defensa o fronteras.


Hemos elevado una chorrada a categoría de Estado. Hemos convertido un festival de canciones en nuestro gran estandarte moral. Ya no hace falta posicionarse con seriedad ante lo que pasa en Venezuela. Da igual el polvorín de Ucrania. Importa un pimiento la inestabilidad global, los conflictos armados, el tablero energético o la presión migratoria. Nuestra política exterior es no cantar. Y además hacerlo con cara de superioridad moral.


España, ese país que antes quería influir en el Mediterráneo, en América Latina, en la UE… ahora toca la pandereta de la dignidad eurovisiva. Somos un país de pandereta. Literal. La pandereta que no vamos a tocar en Eurovisión, pero que sonará en todas las ruedas de prensa.


Y mientras tanto, la agenda internacional se reduce a dos consignas de manual:


  1. No vamos a Eurovisión por los derechos humanos.

  2. Queremos que gallego, catalán y euskera sean oficiales en la Unión Europea.



Fin del programa. Cierre el semáforo de Exteriores al salir.


Con la que está cayendo en el mundo, con amenazas sanitarias reales, con crisis económicas que no se anuncian por TikTok, con la peste del jabalí rondando a la cabaña porcina, con Europa militarizándose a marchas forzadas, España decide que el gran combate internacional es un concurso de canciones.


Y todo envuelto en una capa de superioridad moral low cost: no resolvemos nada, no lideramos nada, no influimos en nada… pero nos sentimos muy bien no yendo a un festival. Política exterior de sofá, de tertulia y de consigna fácil para consumo interno.


Esto no es diplomacia. Esto no es defensa de derechos humanos. Esto no es una estrategia internacional.


Esto es haber sustituido la política exterior por una pataleta simbólica. Y venderla como si fuera una gesta histórica. España hoy no negocia, no presiona, no condiciona, no lidera.

España hoy se borra de un escenario musical y lo llama política de Estado.


Y luego nos preguntamos por qué no nos toma en serio absolutamente nadie.

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