Israel: blanqueamiento en Barcelona
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 9 dic 2025
- 2 Min. de lectura

Son los mismos ciclistas. Los mismos técnicos. Las mismas bicis. Pero basta quitar la palabra Israel del maillot, poner colores amables, envolverlo en diseño multicultural y colocar al frente a Andrés Iniesta para que, de repente, el equipo pase de villano a ejemplo. Magia política. Hipocresía pura.
Ayer molestaban en la Vuelta Ciclista a España. Hoy son aplaudidos en Barcelona. Ayer eran objetivo de protestas, sabotajes morales y señalamiento ideológico. Hoy son “proyecto ilusionante”, “equipo de ciudad” y hasta motivo de orgullo institucional porque dentro de poco llegará el Tour de Francia.
¿Ha cambiado algo real? No.
¿Han cambiado los corredores? No.
¿Han cambiado los mecánicos, los directores, la estructura? Tampoco.
Lo único que ha cambiado es el relato.
Cuando el nombre era Israel‑Premier Tech, estorbo. Cuando desaparece Israel y entra Iniesta, aplauso. Cataluña lo bendice. El poder político se hace la foto. Los mismos que callaron o alentaron el acoso ahora celebran el “nuevo comienzo”. Traducción: no se atacaba a un Estado, se utilizaba a unos deportistas como munición ideológica.
Y lo más obsceno:
No se “castigó a Israel”.
No se cambió nada en Oriente Medio.
No se frenó ninguna guerra.
Solo se jodió a deportistas que ahora se ovacionan sin pedir ni una sola disculpa.
La izquierda española funciona así: cancela rápido, rectifica nunca. Si el logo es incómodo, se quita. Si el propietario es simpático, se absuelve. Si lidera Iniesta, ya no hay conflicto, ya no hay boicot, ya no hay ética urgente.
Esto no va de ciclismo. Va de doble vara de medir, de moral de quita y pon, de una cancelación cobarde que se aplica solo cuando no tiene coste político.
Ayer señalados.
Hoy héroes.
Mañana, según convenga.
Y los ciclistas, como siempre, pagando el precio de la hipocresía ajena.
Miguel Ángel Arranz





