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La buena sintonía de Rafael Sánchez Acera

30 ago
3 min de lectura


Hay noticias que afectan a Alcobendas y otras que obligan a mirar hacia atrás y preguntarse qué demonios estaba pasando mientras algunos gobernaban la ciudad. La información publicada sobre Leire Díez vuelve a colocar el nombre de nuestro municipio en un escenario que, como mínimo, merece muchas explicaciones.


Según la información publicada por El Periódico, Leire Díez, conocida ya como la «fontanera» del PSOE, y el expresidente de la SEPI Vicente Fernández habrían diseñado una operación para recalificar terrenos del Estado con la intención de facilitar posteriormente su venta a un empresario con el que se habían reunido. Entre las anotaciones atribuidas a Díez aparece además una referencia especialmente llamativa: Alcobendas sería un «eje de negocio» y se habla de «facilidades para la adquisición de terrenos y financiación».


Hasta aquí, suficientemente preocupante. Pero hay una frase que para quienes conocemos la política de Alcobendas resulta especialmente llamativa. En esas anotaciones, al hablar del empresario Leonardo Sánchez-Heredero, se señala que «se ha entendido muy bien con el alcalde». Y el alcalde en aquel momento era Rafael Sánchez Acera, socialista y alcalde de Alcobendas desde 2019.

Y aquí conviene ser muy precisos. Que aparezca esa referencia en unas anotaciones no demuestra que Rafael Sánchez Acera participara en ninguna operación irregular. No se puede afirmar lo que no está acreditado. Pero políticamente la pregunta es inevitable: ¿en qué consistía exactamente esa buena sintonía?


Porque cuando una persona situada en el centro de una investigación habla de operaciones sobre suelo público, de adquisición de terrenos, de financiación y de un empresario que «se ha entendido muy bien con el alcalde», lo razonable no es mirar hacia otro lado. Lo razonable es preguntar. Y mucho.


Además, el apellido Sánchez Acera vuelve a aparecer alrededor de asuntos especialmente incómodos para el PSOE. Rafael Sánchez Acera es hermano de Pilar Sánchez Acera, dirigente socialista madrileña cuyo nombre ha adquirido una enorme relevancia pública por la investigación relacionada con la filtración de datos del novio de Isabel Díaz Ayuso.


Eso no convierte a ninguno de los dos hermanos en culpable de nada. Pero tampoco obliga a los ciudadanos a fingir que las coincidencias políticas carecen de interés. Lo que sorprende, y habrá que comprobar hasta dónde llega, es la aparente buena sintonía que los hermanos Sánchez Acera parecen haber mantenido con personas y estructuras que hoy aparecen vinculadas a algunos de los episodios más turbios de las llamadas cloacas de la Moncloa.


Ahora sabemos, según lo publicado por El Periódico, que Leire Díez manejaba una operación relacionada con terrenos públicos, que Alcobendas aparecía en sus anotaciones como un «eje de negocio» y que se destacaba expresamente la buena relación del empresario interesado con el entonces alcalde.

No hace falta inventar absolutamente nada. Lo publicado ya justifica las preguntas.


Habrá que esperar para conocer el recorrido de todo esto y, sobre todo, para saber si aquella referencia a Rafael Sánchez Acera era simplemente una valoración sobre una relación institucional o si detrás existieron reuniones, gestiones o actuaciones de mayor alcance. Eso deberá acreditarse con documentos y hechos, no con especulaciones.


Pero en Alcobendas tenemos derecho a preguntar algo mucho más sencillo: ¿qué sabía el entonces alcalde de esos intereses sobre terrenos públicos?, ¿mantuvo reuniones relacionadas con ellos?, ¿hubo gestiones municipales?, ¿qué significaba exactamente aquello de que el empresario «se había entendido muy bien con el alcalde»?

Porque las cloacas tienen una característica bastante desagradable: uno nunca sabe hasta dónde llegan las tuberías. Y últimamente, demasiadas parecen pasar cerca de Alcobendas.


Miguel Ángel Arranz


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