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La “famiglia” de Alcobendas se pone nerviosa

  • 14 jul
  • 2 min de lectura



En política hay un momento muy concreto en el que una organización deja de aparentar normalidad. Es el instante en el que empieza a creer que el poder le pertenece y que cualquier discrepancia debe ser sofocada antes de que prospere. Es entonces cuando aparecen las presiones, las llamadas y las maniobras internas. No para convencer, sino para condicionar.


La información publicada por Vozpópuli sobre Pilar Sánchez Acera, en la que distintas fuentes socialistas aseguran que habría tratado de presionar a agrupaciones del PSOE-M para que no avalasen la candidatura alternativa de Emma López, dibuja precisamente ese escenario. Si esas informaciones son ciertas, no estaríamos hablando de un simple debate interno, sino de una forma de entender la política donde las primarias solo son aceptables cuando gana el candidato del aparato.


Y eso tiene un nombre: miedo.


Porque quien está seguro de contar con el respaldo de la militancia no necesita llamar a nadie para indicarle lo que debe hacer. Quien confía en sus ideas no necesita intervenir en el proceso. Solo quien teme perder el control acaba recurriendo a estas prácticas.


Hace unos días ya hablábamos de los nervios de la “famiglia” de los socialistas de Alcobendas. Hoy esa sensación no hace más que reforzarse. Cada noticia que aparece transmite la impresión de que el círculo de poder construido alrededor de Óscar López empieza a resquebrajarse.


Y cuando las estructuras de poder se tambalean, aparecen los viejos reflejos. En Alcobendas conocemos bien a los Sánchez Acera. Durante años han acumulado influencia política, poder orgánico y capacidad de decisión. Han sido, en muchos aspectos, la auténtica “famiglia” del socialismo local. Un grupo reducido que ha concentrado buena parte de las decisiones importantes dentro del partido.


Por eso esta información no sorprende tanto como debería. Lo preocupante no es únicamente la noticia. Lo verdaderamente preocupante es la sensación de que determinadas formas de actuar empiezan a normalizarse: presionar, controlar, marcar el paso y cerrar filas para impedir que surjan alternativas.


No hablamos de fortalecer un proyecto político. Hablamos de proteger una estructura de poder. Y cuando el objetivo deja de ser convencer para pasar a ser controlar, la política empieza a parecerse demasiado a una organización donde unos pocos deciden y los demás simplemente obedecen.


Los socialistas de Alcobendas harían bien en reflexionar antes de seguir poniendo la mano en el fuego por determinados dirigentes. Porque cuando alrededor de los mismos nombres empiezan a acumularse informaciones sobre presiones, maniobras internas y luchas por mantener el control, conviene preguntarse si el problema son las noticias… o quienes aparecen una y otra vez en ellas.


La presunción de inocencia debe respetarse siempre, y corresponde a los tribunales determinar cualquier posible responsabilidad jurídica. Pero políticamente, las señales son cada vez más evidentes.


La “famiglia” está nerviosa.


Y cuanto más nerviosa está, más deja ver unas maneras de hacer política que recuerdan demasiado a quienes consideran que el partido es de su propiedad y que cualquier disidencia debe ser neutralizada antes de que pueda crecer.


Porque al final hay una verdad que rara vez falla: cuando alguien necesita presionar para ganar unas primarias, quizá el verdadero problema sea que ya ha dejado de confiar en la libertad de quienes tienen que votarle.


Miguel Ángel Arranz

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