Que no se note que somos del PSOE

Los candidatos que ahora presenta el PSOE en muchos municipios van a intentar una operación bastante sencilla: conseguir que usted olvide que son del PSOE.
Lo intentarán por arriba, por abajo y de perfil. Si hace falta, desaparecerá el rojo, las siglas se harán pequeñas y el nombre del candidato ocupará medio cartel. Llegarán el rosa, el amarillo o cualquier color que permita parecer otra cosa.
Porque ahora toca ser «vecino».
Nos dirán que no vienen a hacer política, sino a trabajar por su municipio. Que conocen sus calles, sus asociaciones y sus problemas. Casi parecerá que el PSOE ha dejado de presentar candidatos y ha empezado a organizar asociaciones vecinales.
Y no cuela.
Además, prepárense para otra palabra: independiente.
Las listas se llenarán de personas que aceptarán ir en una candidatura del PSOE, pero que querrán dejar claro, entre paréntesis, que ellos no son del PSOE. Como si poner «independiente» detrás del nombre borrara la decisión política que supone formar parte de esa lista.
Tampoco cuela.
Puede usted no tener carné. Puede declararse independiente veinte veces. Pero si acepta ir en una lista del Partido Socialista, está ayudando electoralmente al Partido Socialista. Y eso quedará para siempre en su historial político.
Ya hemos visto además qué ocurre muchas veces con esos independientes: algunos terminan defendiendo al aparato con más entusiasmo que quienes llevan décadas militando. Empiezan como independientes y acaban siendo más sanchistas que el propio Pedro Sánchez.
Por eso conviene mirar hacia atrás y no dejarse engañar por el envoltorio.
Todos esos candidatos forman parte de una estructura política. Una estructura que controla el PSOE de Pedro Sánchez. Y también sus equipos forman parte de ese proyecto, por mucho que ahora intenten vendernos que son simplemente «personas del municipio».
No lo son políticamente. Son una candidatura del PSOE.
Y después de procesos internos sin verdadera competición en numerosos municipios, resulta todavía más difícil vender independencia respecto del aparato.
Así que cuando escuchen eso de «aquí no hablamos de Sánchez, hablamos de nuestro pueblo», recuerden algo muy sencillo: precisamente esa será la estrategia.
Municipalizar al candidato para esconder la marca nacional.
Y veremos verdaderos ejercicios de escapismo político. Candidatos que hasta ayer presumían de partido descubrirán de repente su irresistible vocación vecinal. Hablarán del parque, de la farola, del comercio de barrio y del bache de la esquina, pero evitarán pronunciar determinadas palabras como si quemaran: PSOE, Sánchez, Gobierno. No será casualidad. Cuando una marca suma, se exhibe; cuando resta, se esconde. Y si para pedir el voto necesitan disimular quiénes son, quizá el problema no esté en el cartel, sino precisamente en lo que intentan tapar.
Y un aviso a navegantes: lo voy a recordar de aquí hasta mayo.
Lo recordaré todas las veces que pueda, porque cuando llegue la campaña algunos habrán cambiado el color, otros habrán escondido las siglas y otros aparecerán como independientes.
Pero no habrán cambiado de proyecto político.
Podrán cambiar el envoltorio.
No las ideas.
Y cuando llegue mayo convendrá tener muy claro qué había debajo del papel de regalo.
Miguel Ángel Arranz

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