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La guerra de los sillones en Extremadura

  • 13 feb
  • 2 Min. de lectura


En Extremadura no hay un problema de acuerdos. Que nadie se equivoque. El problema no es sentarse a hablar. El problema es sentarse… pero en qué sillón.


La política extremeña vuelve a demostrar que el debate real no es qué modelo productivo necesita la región, ni cómo atraer inversión, ni cómo frenar la sangría demográfica, ni cómo mejorar la sanidad o la educación. No. El debate es cuántos sillones le corresponden a cada uno.


Unos sostienen que deben tener más porque tienen mayor representación. Otros responden que deben tener todavía más porque han crecido y eso —dicen— es lo que han querido los ciudadanos. La aritmética sustituye al proyecto. El cálculo reemplaza a la visión. Y el reparto del poder tapa cualquier discusión de fondo.


La escena es conocida. Se repite legislatura tras legislatura. Cambian los protagonistas, pero el guion es idéntico: negociación de cargos, equilibrios internos, amenazas veladas y discursos grandilocuentes que esconden una pelea mucho más terrenal. No es por Extremadura. Es por la cuota.


Mientras tanto, los extremeños siguen esperando políticas de verdad. Esperan oportunidades, industria, empleo estable, servicios públicos que funcionen y no titulares épicos sobre “responsabilidad histórica”. Pero lo que reciben es un mercadeo de posiciones.


Y en este tablero también juega Vox. Los autodenominados patriotas que prometían regeneración y ruptura con la vieja política. Pero cuando llega la hora de la verdad, el lenguaje cambia poco: más peso institucional, más presencia, más capacidad de decisión. Traducido: más sillones.


No quieren cambiar la política; quieren cambiar su lugar dentro de la política. No cuestionan el sistema de reparto, aspiran a ocupar una porción mayor del mismo. Su bienestar político pasa por tener más asiento en el Consejo de Gobierno, más estructura, más visibilidad. Exactamente lo mismo que critican.


La historia vuelve a repetirse porque el problema nunca fue ideológico, fue estructural. En Extremadura no se discute un modelo de región; se discute quién administra el poder.


Y así, una vez más, la negociación no gira en torno a proyectos, sino a posiciones. No se habla de futuro, se habla de cuotas. No se habla de soluciones, se habla de equilibrios internos.


El problema en Extremadura no es llegar a acuerdos políticos.


El problema en Extremadura es llegar a acuerdos de ocupación de sillones.


Y mientras el debate siga siendo ese, nada cambiará. Porque cuando la prioridad es el asiento, la región siempre queda en pie.


Miguel Ángel Arranz

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