La indecencia institucional.
- 23 ene
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Hay fotos que explican mejor que mil discursos lo lejos que está el poder de la gente. Esta es una de ellas. Una imagen obscena, fría, casi obscenamente calculada. Dirigentes posando —posando— junto a un tren siniestrado, con equipos de emergencia aún trabajando, con víctimas recientes, con dolor todavía caliente.
¿Qué mierda de foto es esta? ¿A quién se le ocurrió que era buena idea convertir una tragedia en un photocall institucional?
Aquí no hay empatía. No hay recogimiento. No hay humanidad. Hay vanidad. Hay propaganda. Hay una necesidad enfermiza de salir en la foto aunque el suelo esté manchado de muerte. Eso es lo verdaderamente insoportable.
Que en esa escena aparezcan el Felipe VI, no la dignifica: la agrava. Porque cuando el máximo representante del Estado acepta esa imagen, la convierte en mensaje. Y el mensaje es devastador: la tragedia también sirve para la escenografía del poder.
No estaban allí para consolar. No estaban allí para escuchar. No estaban allí para respetar el silencio que exige la muerte. Estaban allí para que quedara constancia gráfica de su presencia. Para marcar territorio político sobre un amasijo de hierro y dolor humano. Eso es lo que hace que esta foto sea un auténtico insulto a las víctimas y a sus familias.
La estética es mala, sí. Pero eso es lo de menos. Lo grave es la falta de ética.
Lo intolerable es la falta de humanidad. Lo imperdonable es la falta de pudor.
Hay momentos en los que el poder debe desaparecer del plano. Este era uno de ellos. El rey —especialmente el rey— debía haber entendido que su ausencia habría sido un gesto infinitamente más digno que esta presencia obscena. No todo se honra con una foto. Hay tragedias que solo admiten silencio y respeto.
Esta imagen no acerca a las instituciones a los ciudadanos. Hace justo lo contrario: las aleja definitivamente. Refuerza la idea de una élite que vive en una burbuja, incapaz de leer el sufrimiento, incapaz de entender el símbolo, incapaz de saber cuándo no debe estar.
Es, sin exagerar, una de las peores fotos institucionales de los últimos años. Una foto que no reconforta, no explica y no repara. Una foto que duele. Una foto que avergüenza.
Y sí: alguien debería dar explicaciones. Porque nadie ha sabido explicar —ni podrá hacerlo— qué mierda pretendían demostrar con esto.
Miguel Ángel Arranz





