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La pasión de Junts y PNV por devolver la palabra a los españoles.Ahora si, ¿no?

  • 30 may
  • 2 min de lectura


Ahora resulta que el PNV y Junts descubren de repente una pasión irrefrenable por “devolverle la palabra a los ciudadanos”. Ahora sí. Ahora toca hablar de urnas, de legitimidad democrática y de que sean los españoles quienes decidan quién debe gobernar.


Curioso. Muy curioso.


Porque fueron precisamente ellos quienes hace apenas unos años le quitaron esa misma palabra a los ciudadanos cuando los españoles habían votado mayoritariamente para que gobernase el Partido Popular. Conviene recordarlo porque algunos intentan reescribir la historia a conveniencia. El Partido Popular ganó las elecciones generales. Las ganó claramente. Fue la fuerza más votada. Pero entonces, mágicamente, apareció la famosa “aritmética parlamentaria”.


Y ahí sí valía todo.


Ahí sí nos explicaban que España es un sistema parlamentario, que no gobierna quien gana las elecciones sino quien suma apoyos suficientes en el Congreso. Ahí sí era maravillosa la democracia parlamentaria. Ahí sí la suma de partidos era poco menos que una expresión sublime de pluralidad democrática. Ahí sí el pacto entre perdedores era perfectamente legítimo porque “las matemáticas daban”.


Perfecto. Pues apliquemos exactamente la misma lógica ahora.

Porque si esa misma aritmética parlamentaria sirve hoy para retirar el apoyo a Pedro Sánchez, entonces debería valer exactamente igual. Sin dramas. Sin discursos solemnes. Sin fingir que la democracia desaparece de repente. Si el Parlamento sirvió para darle el Gobierno, el Parlamento debería servir también para quitárselo.

Pero claro, aquí es donde aparece la gigantesca hipocresía política de Junts y del PNV.


La aritmética solo era válida cuando servía para colocar a Pedro Sánchez en La Moncloa. Ahí no hacía falta preguntar otra vez a los ciudadanos. Ahí no había que “devolver la voz al pueblo”. Ahí bastaba con los números del Congreso. Ahí era democracia madura, democracia parlamentaria y democracia europea.


Ahora ya no.


Ahora resulta que esa misma aritmética no sirve para desalojarlo aunque el Gobierno esté cercado por escándalos, corrupción, desgaste institucional y una agonía política evidente. Ahora sí hay que convocar elecciones. Ahora sí hay que apelar a las urnas. Ahora sí descubren el romanticismo democrático.


La realidad es mucho más simple: el PNV y Junts utilizan la democracia exactamente igual que utilizan las investiduras, los presupuestos o las negociaciones. Como herramienta de presión y de interés propio. Nada más.

Cuando Sánchez les servía para arrancar concesiones, competencias, privilegios y ventajas políticas, la aritmética parlamentaria era sagrada. Ahora que el sanchismo empieza a hundirse y que el desgaste es insoportable, necesitan empezar a construir el relato de salida sin aparecer como responsables directos de la caída.


Por eso hablan de elecciones. Porque quieren evitar la imagen de haber sostenido hasta el final un proyecto político abrasado por los escándalos y la corrupción. Necesitan fingir que ellos no son parte del problema. Necesitan vender que “la situación obliga” a devolver la palabra a los españoles, cuando la realidad es que jamás tuvieron ningún problema en ignorar el resultado más votado si eso les beneficiaba políticamente.


Y esa es la gran verdad incómoda de toda esta historia: la democracia parlamentaria les parece maravillosa cuando les da poder, pero deja de gustarles cuando les obliga a asumir el coste político de sus propias decisiones.


Miguel Ángel Arranz

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