top of page

La solidaridad socialista termina donde empieza el coste político

  • hace 6 días
  • 2 Min. de lectura


La solidaridad socialista termina donde empieza el coste político

Otra vez. Otra más. Otro episodio donde el Partido Socialista demuestra que las crisis no las gestiona pensando en el interés general, sino calculando encuestas, titulares y desgaste electoral. Porque lo ocurrido con el crucero sospechoso de hantavirus no se entiende desde la lógica sanitaria. Se entiende perfectamente desde la lógica política.


Cuando una administración intenta quitarse un problema de encima antes incluso de conocer el alcance real del asunto, no está actuando con prudencia sanitaria. Está actuando con miedo político. Miedo a convertirse en la “zona cero”. Miedo a que una fotografía, una rueda de prensa o un posible contagio acabe explotándole en la cara dentro de unos meses, justo cuando empiezan a calentarse las municipales y autonómicas.


Y ahí aparece el verdadero ADN político del sanchismo: la solidaridad siempre es para los demás. Porque mientras llevan años dando lecciones morales sobre empatía, acogida, cooperación y responsabilidad institucional, a la hora de asumir un posible coste político, desaparece toda esa fraternidad progresista de pancarta. Entonces ya no toca ser solidarios. Entonces toca pasarle el muerto al vecino.


Si el problema puede afectar a la imagen de Las Palmas, mejor que lo gestione Tenerife. Si el desgaste puede salpicar a una alcaldesa socialista, que se coma el marrón otro. Y así funcionan. Exactamente igual que han gestionado tantas otras crisis: primero negación, luego propaganda, después improvisación y finalmente el intento desesperado de encontrar a quién culpar.


Lo más grave no es siquiera el barco. Lo grave es la sensación de que ya dan por hecho que esto puede ir a más. Porque cuando alguien se aparta tan rápido de un problema, normalmente es porque teme sus consecuencias futuras. Nadie quiere ser recordado como el lugar donde empezó un posible desastre sanitario. Nadie quiere cargar con el titular dentro de seis meses si esto escala. Y ahí es donde aflora el instinto político más miserable: salvar la marca antes que afrontar la situación.


Esto empieza con un crucero y puede acabar convertido en otro ejemplo de descontrol institucional. Porque el socialismo español tiene un patrón muy reconocible: minimizar primero, politizar después y perder el control finalmente. Pasó con otras crisis y puede volver a pasar.


Y mientras tanto, los ciudadanos observan algo todavía más preocupante: administraciones enfrentadas no por criterios médicos, sino por intereses partidistas. Porque aquí ya no se debate sobre protocolos sanitarios. Se debate sobre quién se queda la bomba política. Eso explica todo.


Explica por qué unos territorios parecen más “solidarios” que otros dependiendo del color político del gobierno de turno. Explica por qué el PSOE exige unidad cuando el problema lo tiene otro, pero busca salidas de emergencia cuando el foco puede apuntarles a ellos. Explica por qué Pedro Sánchez y todo su entorno han convertido la gestión pública en una operación constante de marketing electoral.


La realidad es muy simple: nadie quiere ser la zona cero de un posible problema sanitario nacional. Pero algunos, además, intentan evitarlo mientras siguen dando lecciones éticas al resto del país.

Esa es la verdadera solidaridad del sanchismo: compartir discursos, pero jamás compartir costes.


Miguel Ángel Arranz

bottom of page