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Les importa una mierda la gestión de Alcobendas.

  • 21 mar
  • 2 Min. de lectura



Hay que tener valor —o poca vergüenza— para vender como éxito lo que no deja de ser propaganda institucional. El último número de Sietedías nos habla de “1.000 días de Gobierno” con un supuesto 81% de compromisos cumplidos  . El problema no es el dato. El problema es la realidad.


Porque uno sale a la calle y no ve ese 81% por ningún lado.


La ciudad sigue igual de sucia. Los contenedores desbordados siguen siendo parte del paisaje habitual, por mucho que en el papel se hable de refuerzos y millones invertidos en limpieza  . La delincuencia, aunque se maquille con cifras y notas de prensa, sigue siendo una preocupación constante en barrios donde los vecinos ya no se tragan el relato oficial. Y ahí está la clave: el relato.


Este número de la revista no es información, es un ejercicio de marketing político. Fotos, titulares grandilocuentes, cifras sin contraste y una idea constante: que todo va bien. Muy bien. Demasiado bien. Tan bien que parece mentira. Y lo es.


Pero lo verdaderamente preocupante no es solo eso. Lo verdaderamente preocupante es quién está detrás de ese modelo.


Porque esto no sale solo. Esto es fruto de un equipo de asesores, de politólogos de nueva hornada, de expertos en imagen y en contenido que viven más pendientes del algoritmo que de la calle. Son los modernitos de la política, los que creen que gobernar es gestionar percepciones y no resolver problemas.


Les importa una mierda la gestión. Así, sin matices.


Su único objetivo es construir un personaje, alimentar un relato y mantener vivo el culto a la imagen. Da igual si la ciudad funciona mejor o peor, lo importante es que parezca que funciona. Y para eso están: para fabricar una realidad paralela a base de fotos, vídeos y titulares vacíos.


Y claro, si rodeas a una alcaldesa de un equipo de frívolos, imitadores del Iván Redondo de turno, la gestión acaba siendo frívola.


Antes se decía que los alcaldes utilizaban la gestión para reforzar su imagen. Bien. Eso, con matices, era cierto. Pero lo que estamos viendo ahora es justo lo contrario: ya no hay gestión que sustente la imagen, hay imagen que sustituye a la gestión. Rocío García ha llevado esto a otro nivel. Lo ha perfeccionado.


Ya no se gobierna para luego comunicar. Se comunica para parecer que se gobierna. Ahí están los datos: reuniones, fotos con vecinos, visitas, WhatsApp, consultas respondidas  . Todo perfectamente medido, cuantificado y empaquetado. Es el culto al like institucional. El culto a la foto. El culto a la cercanía impostada.


Pero mientras tanto, la ciudad real sigue esperando. Porque gobernar no es hacerse fotos escuchando vecinos. Es resolver los problemas de los vecinos. Y eso no se mide en número de selfies ni en publicaciones en redes.


Mil días después, Alcobendas no es la ciudad que te venden en la revista municipal. Es la misma ciudad con los mismos problemas, pero con una diferencia: ahora hay más propaganda para taparlos. Y cuando un gobierno necesita más propaganda que resultados, es que algo no está funcionando.


Y eso, por mucho que lo impriman en papel satinado, no cuela.


Miguel Ángel Arranz

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