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Lo que no ganó en los tribunales pretende ganarlo en la sociedad

  • 4 may
  • 2 Min. de lectura


El fiscal Ortiz ha entendido perfectamente la jugada: cuando uno pierde el relato en sede judicial, intenta reconstruirlo en el plató. Cuando las explicaciones no convencen donde deben convencer, se busca una entrevista amable, un periodista cómodo y un ambiente donde la responsabilidad se sustituye por victimismo.


Y eso es exactamente lo que estamos viendo. Resulta insultante que alguien que ha ocupado una responsabilidad institucional de primer nivel pretenda ahora presentarse como víctima de un sistema judicial que no le ha dado la razón. Porque ese es el fondo del asunto: cuando la Justicia resuelve como a algunos les conviene, es Estado de Derecho; cuando no les favorece, entonces hablan de lawfare, de persecución, de conspiración y de cloacas.


La arrogancia institucional tiene estas cosas. Hay quien se cree tan por encima del resto que ni siquiera contempla la posibilidad de haber actuado mal. No. La culpa siempre es de otros. Del juez. Del Supremo. De la prensa crítica. De la derecha. Del sistema. De cualquiera menos de uno mismo.


Lo grave no es que Ortiz quiera defenderse. Eso puede hacerlo cualquiera. Lo grave es que utilice esa defensa para poner bajo sospecha a la Justicia española. Lo grave es que alguien que debería conocer mejor que nadie la importancia de respetar las instituciones se permita sembrar dudas sobre ellas cuando no le son favorables.


Eso ya no es una explicación. Es una estrategia política. Y, como siempre, ahí están los medios obedientes, subvencionados y perfectamente alineados con la Moncloa para ponerle alfombra roja al relato. No entrevista: masaje. No preguntas incómodas: acompañamiento emocional. No periodismo: operación de rescate.


Porque aquí no se busca aclarar nada. Se busca instalar una idea: que Ortiz no perdió porque no tuviera razón, sino porque fue víctima de una supuesta maquinaria judicial. Es decir, lo que no pudo ganar en los tribunales ahora pretende ganarlo en la sociedad.


Y eso es peligrosísimo. Porque atacar la credibilidad de la Justicia desde una posición de poder no es una simple opinión. Es deteriorar el sistema desde dentro. Es decirle al ciudadano que solo hay Justicia cuando gana mi bando. Es convertir el Estado de Derecho en una herramienta partidista.


Y no. La Justicia no puede ser independiente solo cuando absuelve a los tuyos. No puede ser válida solo cuando sirve al Gobierno. No puede ser respetable solo cuando protege al poder.


Ortiz puede contar su versión. Faltaría más. Pero lo que no puede pretender es que España entera compre el papel de víctima mientras señala al Poder Judicial como si fuera una organización corrupta por no haberle dado la razón.


El problema no es que hable. El problema es que, al hablar así, confirma precisamente lo peor: que algunos no entienden las instituciones como un límite al poder, sino como una herramienta a su servicio.


Miguel Ángel Arranz

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