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NOS TOMAN POR IMBÉCILES

  • 28 ene
  • 2 Min. de lectura




La votación del Congreso no es un fallo técnico ni un error de procedimiento: es un insulto consciente a la inteligencia de los ciudadanos. El llamado “decreto ómnibus” del Gobierno, presentado como escudo social, mezclaba medidas de sentido común con iniciativas ideológicas sin consenso, y al final ha explotado en sus manos.


Entre las medidas que deberían haber sido aprobadas con normalidad estaban:


  • La revalorización de las pensiones al ritmo de la inflación, algo que no es una concesión ni un regalo, sino una obligación política ante 12 millones de pensionistas que deben mantener su poder adquisitivo.

  • La prórroga real de las ayudas al transporte público, con descuentos y abonos que benefician especialmente a jóvenes, trabajadores y familias.



Pero el Gobierno decidió mezclarlas con un paquete de 80 medidas adicionales que no tenían consenso parlamentar de salida. El resultado lógico: PP, Vox y Junts tumbaron el decreto, no porque se oponen a subir las pensiones, sino porque se negaron a validar un texto que intenta chantajear a la Cámara con medidas populares para colar otras que no tienen apoyo claro.


Que no nos engañen: no son solo transportes y pensiones. El paquete incluía también protecciones contra desahucios y la prohibición de corte de suministros básicos a determinados colectivos, medidas sobre las que hay debate legítimo y que no tienen consenso mayoritario parlamentario.


Pero la cosa no termina ahí. No voy a inventar: al margen de esta votación, el Gobierno está impulsando por decreto otros cambios de gran calado, como la regularización masiva de migrantes por decreto sin control parlamentario, que podría implicar la entrada en la formalidad de cientos de miles de personas y con efectos directos sobre el mercado de trabajo y servicios públicos.


Esto significa una cosa muy clara: si mezclas medidas de consenso social con reformas que no lo tienen, y luego te escudas en el “consenso social” de lo primero para imponer lo segundo… nos están tomando por imbéciles.


Eso es exactamente lo que ha sucedido:


  1. Querer usar la subida de pensiones como palanca de presión parlamentaria.

  2. Presentar un paquete largo y complejo para forzar su aprobación en bloque.

  3. Esperar que la sociedad y los medios se queden solo con lo que les conviene narrativamente.

  4. Ignorar el debate legítimo sobre otras medidas incluidas.


Y encima pretenden venderlo como si los partidos de derecha y no-societarios fueran los malos de la película por “no querer subir pensiones”, cuando en realidad lo que es inaceptable es este tipo de chantaje legislativo, que utiliza medidas de sentido común como carnada para colar otras que claramente no han sido negociadas ni consensuadas.


La política no puede ser así. La democracia no se gobierna a golpe de decreto con 80 medidas distintas, donde las que todos firmaríamos sirven de escudo para intentar meter por la puerta de atrás lo que no tiene ni apoyo ni debates claros.


Ya está bien de hacer política a base de trilerismo, chantaje y mezclas tramposas. Si quieres que algo se apruebe, negócialo y preséntalo por separado. Así de simple. Así de duro. Y así de real.


Miguel Ángel Arranz

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