Pedro, cuídate de los tuyos
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Pedro Sánchez debería mirar con atención lo que ha pasado en Castilla y León. No tanto por los escaños, sino por la lectura que puede empezar a instalarse dentro de su propio partido.
La conclusión que algunos socialistas pueden empezar a sacar es peligrosa para cualquier líder: cuanto más te alejes de Pedro Sánchez, mejor te puede ir electoralmente.
Ya hemos visto algo parecido en Extremadura o en Aragón, donde candidatos claramente identificados con el sanchismo —colocados prácticamente por la bendición directa del líder— acabaron pagando esa etiqueta en las urnas. Cuando el desgaste del Gobierno es alto, ser “el candidato de Sánchez” deja de ser una ventaja y empieza a convertirse en un lastre.
Algo parecido puede ocurrir ahora en Andalucía con María Jesús Montero. No es solo una candidata socialista. Es, sobre todo, una candidata sanchista. Y cuando el voto se convierte en una especie de referéndum sobre el Gobierno, esa identificación pesa demasiado.
Castilla y León ha mostrado justo lo contrario. Un candidato mucho más territorial, mucho más de proximidad y mucho menos identificado con la política nacional del Gobierno. Y los resultados indican algo que durante años se ha querido negar: el candidato sigue importando, también a nivel autonómico.
Ese es el verdadero problema para Sánchez. Porque si dentro del PSOE empieza a extenderse la idea de que para ganar hay que tomar distancia del líder, la autoridad del líder empieza a debilitarse. Y cuando eso ocurre en política, el problema deja de ser electoral. Pasa a ser interno.
El PSOE podría acabar pareciéndose a la antigua Roma: un lugar donde las ambiciones pesan más que las lealtades. Y si algún día concluyen que Pedro Sánchez se ha convertido en un problema, harán lo que siempre se ha hecho en política.
Apartarlo. Aunque para ello tengan que sacar los cuchillos. Metafóricamente hablando.
Miguel Ángel Arranz





