PEDRO SÁNCHEZ: ANUNCIA BODA Y DA COMUNIÓN

No esperen demasiado de Pedro Sánchez hoy. Ni siquiera esperen que ocurra aquello que durante dos días nos han dicho que podría ocurrir.
Porque con Pedro Sánchez conviene recordar un viejo dicho: anuncia boda y da comunión.
Lo importante no siempre es lo que anuncia. A veces lo verdaderamente importante es conseguir que todo un país esté pendiente de lo que puede anunciar.
¿Elecciones? ¿Continuidad? ¿Un nuevo decreto? ¿Otro golpe de efecto?
Mientras España juega a adivinar qué hará Pedro Sánchez, Pedro Sánchez dispone de algo extremadamente valioso en política: tiempo.
Ya conocemos el método.
En abril de 2024 escribió una carta, canceló su agenda pública y concedió al país cinco días para preguntarse si continuaría como presidente del Gobierno. Cinco días de tertulias, portadas, manifestaciones de apoyo, especulaciones y suspense político. Al quinto día apareció para comunicar que continuaba.
Ahora vuelve la expectación.
Después de la derrota parlamentaria de sus decretos de vivienda y de la ruptura con Junts, Sánchez lleva días manteniendo conversaciones con ministros y dirigentes socialistas mientras sobrevuela la posibilidad de unas elecciones anticipadas. Y España, otra vez, pendiente del reloj de Pedro Sánchez.
Pero quizá la pregunta interesante no sea cuándo convocará elecciones. Quizá sea qué está haciendo mientras todos preguntamos cuándo las convocará.
Porque unas elecciones no empiezan cuando se publica el decreto en el BOE. Empiezan mucho antes. Empiezan revisando candidatos, encuestas, mensajes, estructuras territoriales, campañas, medios, alianzas y todos los resortes institucionales que rodean una convocatoria electoral.
Y ahí aparecen nombres que inevitablemente merecen vigilancia. Indra. Telefónica. El voto exterior. El dispositivo electoral. No porque exista prueba alguna de manipulación electoral. No la hay, y afirmar lo contrario sin pruebas sería irresponsable.
Precisamente por eso hay que exigir todavía más transparencia.
Indra mantiene vigente el contrato que permite prestar los servicios tecnológicos para la obtención y difusión del escrutinio provisional ante unas posibles elecciones. Y al mismo tiempo, tanto Indra como Telefónica han experimentado durante los últimos años una enorme transformación de sus órganos directivos coincidiendo con el aumento de la presencia de la SEPI.
¿Significa eso que alguien vaya a manipular unas elecciones? No. Significa que cuando el Estado incrementa su influencia sobre empresas estratégicas y una de ellas participa en el dispositivo tecnológico electoral, la obligación democrática es preguntar, fiscalizar y vigilar.
Exactamente lo contrario de mirar hacia otro lado. También conviene mirar al voto CERA, el voto de los españoles residentes en el extranjero. Su procedimiento está regulado, existen controles, representantes de las candidaturas pueden fiscalizar determinadas operaciones y las urnas deben permanecer precintadas y custodiadas. Perfecto.
Entonces que se explique todo. Que sepamos quién hace qué, quién custodia qué, quién transmite qué información y dónde termina el escrutinio provisional y comienza el escrutinio oficial. Porque la confianza democrática no consiste en decirle al ciudadano: «No pregunte».
Consiste en poder responder a todas sus preguntas. Y mientras discutimos si Sánchez convocará mañana, pasado mañana o dentro de tres meses, Moncloa dispone de algo que Pedro Sánchez ha sabido explotar como pocos políticos españoles: el control de la expectación.
Que todos miren al escenario mientras detrás del telón se prepara la siguiente función. Puede que finalmente convoque elecciones. Puede que anuncie que continúa.
Puede incluso que presente cualquier solución intermedia y vuelva a colocarse en el centro del tablero. Pero después de tantos años deberíamos haber aprendido algo. Cuando Pedro Sánchez anuncia una boda, antes de comprar el traje conviene comprobar si realmente hay novios.
Porque igual llegamos a la iglesia...
y resulta que era una comunión.
Miguel Ángel Arranz
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