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Pedro Sánchez contesta a Elon Musk pero no a las víctimas de Adamuz

  • 30 ene
  • 1 Min. de lectura


El presidente del Gobierno se permite el lujo de entrar al trapo cuando le interpela Pedro Sánchez desde el escaparate internacional —ahí está su cruce con Elon Musk—, pero guarda un silencio frío y calculado ante el dolor real, cercano y concreto de las víctimas de Adamuz. No es un despiste. Es una elección política.


Sánchez no gobierna: gestiona su imagen. Prefiere el foco exterior, el tuit grandilocuente y la pose de estadista global a dar la cara en la España real. Le gusta jugar a la política internacional desde la comodidad de La Moncloa mientras esquiva lo que no suma relato ni aplausos fuera.


Y por si faltaba algo, está la desvergüenza de alegar un acto religioso para no acudir al funeral de Adamuz. Cuando conviene, la religión estorba; cuando sirve para escabullirse, se convierte en coartada. Cinismo sin disimulo. No es fe ni protocolo: es falta de humanidad y de respeto institucional.


El mensaje es nítido: España le estorba cuando no le sirve. Le interesa más parecer relevante fuera que ser responsable dentro. Más discutir con magnates extranjeros que acompañar a las víctimas de su propio país.


Un presidente que responde a Musk pero no a Adamuz no tiene visión global. Tiene aires de grandeza y un desinterés cada vez más evidente por España. Y, otra vez, queda claro.


Miguel Ángel Arranz

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