Pedro Sánchez creía que podía domesticar al nacionalismo Vasco y le van a traicionar.
- 22 may
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Pedro Sánchez debería empezar a mirar menos a la oposición y más a sus propios socios. Porque mientras muchos siguen obsesionados con Vox, con Ayuso o con Feijóo, el verdadero peligro para la supervivencia política del sanchismo probablemente esté sentado mucho más cerca: el Partido Nacionalista Vasco.
El PNV lleva décadas haciendo exactamente lo mismo y, sorprendentemente, todavía hay quien se escandaliza cuando vuelve a hacerlo. Pacta con unos, pacta con otros, cambia de aliado cuando le conviene y jamás tiene el menor problema moral en abandonar un barco si considera que el siguiente puerto le ofrece más privilegios, más competencias o más poder. Así ha funcionado siempre. No hay ideología. No hay lealtad. No hay proyecto común de país. Hay puro interés político.
Y Pedro Sánchez lo sabe perfectamente. Lo que pasa es que creyó que podía controlar a todos esos socios mediante cesiones constantes, privilegios territoriales y supervivencia institucional compartida. Pero el problema de alimentar permanentemente a partidos cuyo único objetivo es sacar tajada del Estado es que llega un momento en que ni siquiera te respetan. Solo te utilizan.
El PNV jamás ha tenido problema en pactar con la izquierda, con la derecha, con el PSOE, con el PP o con quien haga falta. Le da exactamente igual el color político del gobierno de España. Lo único que le importa es qué obtiene a cambio. Y eso desmonta uno de los mayores relatos de la política española: esa falsa superioridad moral con la que algunos intentan presentar al nacionalismo vasco como una fuerza moderada y responsable. Moderada para ellos mismos, quizás. Responsable únicamente con sus intereses.
Porque el nacionalismo, especialmente el nacionalismo identitario, nunca piensa en ciudadanos. Piensa en territorios, en cuotas de poder y en privilegios diferenciales. Y conviene recordar algo que muchos olvidan deliberadamente: los derechos pertenecen a las personas, no a las comunidades autónomas.
Ahora el silencio del PNV empieza a ser demasiado evidente. Y en política, cuando el PNV calla, normalmente es porque está calculando. Midiendo. Negociando. Valorando cuál será el próximo movimiento que más le beneficie. Exactamente igual que hizo en otros cambios de ciclo político en España.
Por eso Pedro Sánchez debería prepararse. Porque quizá esté a punto de probar su propia medicina. Él construyó una mayoría basada en socios que no creen en España como proyecto común, sino en España como cajero automático político. Y cuando esos socios huelan debilidad, harán lo que siempre han hecho: abandonar al que cae para acercarse al que pueda garantizarles seguir mandando.
El sanchismo creyó que podía domesticar al nacionalismo. Pero el nacionalismo nunca se domestica. El nacionalismo negocia… hasta que decide apuñalarte.
Miguel Ángel Arranz

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