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Pedro Sánchez decide huir

  • 7 ene
  • 1 Min. de lectura

Pedro Sánchez ha elegido huir. Huir hacia fuera. Intensificar su agenda internacional no es liderazgo: es escapismo calculado. Ahora quiere venderse como mediador entre Venezuela y Estados Unidos, o entre Venezuela y la Unión Europea. Da igual el formato; lo importante es no estar aquí, no responder aquí, no dar la cara aquí.


Mientras España se atasca en sus propios problemas, el presidente se sube a aviones. Sus ministros pueden ir acostumbrándose: no le van a ver en meses. Sánchez ha decidido gobernar a distancia porque su objetivo ya no está en La Moncloa. Está en Nueva York. Sueña con la Secretaría General de la ONU como salida personal, como borrón y cuenta nueva, como exilio dorado para que España se olvide de él.


Que nadie se engañe: no es vocación internacional, es supervivencia política. Cuanto más lejos, mejor. Cuanto más foco exterior, menos preguntas incómodas en casa. Pero por muchas cumbres, fotos y discursos grandilocuentes, hay algo de lo que no puede escapar: los casos de corrupción que rodean a su gobierno.


Puede desaparecer de la agenda nacional, reducir al mínimo su presencia en España y construir una biografía global de cartón piedra. No le servirá. Tendrá que responder. Aquí. Porque ningún despacho en Manhattan borra las responsabilidades en Madrid.


Miguel Ángel Arranz

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