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¿ Pero dónde está el problema?

  • 14 ene
  • 2 Min. de lectura


La progresía tonta de este país vuelve a hacer el ridículo. Esta vez porque David Muñoz, chef y propietario de DiverXO, ha subido el precio de su menú y, atención al drama, ha limitado los días en los que se puede reservar. Alarma social. Comunicado moral. Llantina colectiva.


¿Y el problema cuál es exactamente?

Porque conviene aclararlo: DiverXO no es un comedor social, no es una ONG, no es Cáritas con estrella Michelin. Es un restaurante privado, propiedad de un señor que decide qué vende, a qué precio y a quién. Punto. No hay más.


La progresía de salón —esa mezcla de progrebobos con ínfulas y nuevos hippies con iPhone— actúa como si alguien les hubiera puesto una pistola en la sien para reservar mesa. No. Hay dos opciones muy simples, incluso para ellos: ir o no ir. Fin del debate. No hay dilema ético, ni conflicto moral, ni drama social. Hay una carta y un precio. Te gusta, pagas. No te gusta, te vas al bar de abajo. Democracia pura.


Pero no. Hay que montar el numerito. Que si “no es ético”, que si “con el hambre en el mundo”, que si “elitista”. El mismo discurso de siempre, reciclado, perezoso y profundamente hipócrita. Porque curiosamente el hambre en el mundo solo aparece cuando el dinero lo gana otro. Nunca cuando se lo gastan ellos en festivales, viajes o camisetas reivindicativas fabricadas en Bangladesh.


Muñoz no le debe explicaciones a nadie. No tiene que justificar su talento, su modelo de negocio ni su agenda. Limitar reservas es su derecho. Subir precios, también. Igual que tú decides a qué precio vendes tu trabajo… si es que vendes alguno.


Lo verdaderamente obsceno no es el precio del menú. Lo obsceno es la manía enfermiza de esta progresía por meterse en la vida ajena, regular lo que no es suyo y moralizar negocios privados desde la absoluta irrelevancia. Quieren igualdad… pero solo cuando ellos deciden el baremo. Libertad… siempre que no moleste a su complejo.


Así que no, no hay polémica. Hay un restaurante, un empresario y un mercado. Todo lo demás es ruido, resentimiento y mucha tontería ideológica.

Y a ver si alguien, algún día, consigue explicárselo a los progretontos de este país.


Miguel Ángel Arranz

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