top of page

¿Por qué la llaman héroe por quererse presentar contra Ayuso cuando es supervivencia?

  • 27 abr
  • 2 Min. de lectura

Mónica García no vuelve a Madrid por épica. Vuelve por cálculo. No regresa como heroína de una causa progresista ni como gran esperanza contra Ayuso. Regresa porque en la política nacional se le ha acabado el aire. Porque su recorrido como ministra está amortizado. Porque sabe que fuera del foco autonómico pesa poco. Y porque, llegado el momento, Madrid puede ser su refugio político de emergencia.


La ministra de Sanidad, esa que hizo las maletas y dejó atrás a los madrileños para subirse al tren nacional con bombo, platillo y cartera ministerial, ahora descubre de repente que Madrid es “el corazón de las políticas ultras y trumpistas”. Qué casualidad. Lo descubre justo cuando necesita volver.


No vuelve porque Madrid la necesite. Vuelve porque ella necesita Madrid.

Y ahí está la clave. García intenta vender supervivencia como valentía. Recolocación como compromiso. Retorno interesado como sacrificio político. Pero no cuela. Porque si tan decisiva era Madrid, ¿por qué se fue?. Si tan grave era Ayuso, ¿por qué abandonó el campo de batalla?


Si tan urgente era frenar a la derecha madrileña, ¿por qué aceptó encantada el salto al Gobierno nacional?. Ahora pretende presentarse como la candidata que viene a disputar el relato, pero lo que parece es una operación de salvamento personal. Una manera de asegurarse otros cuatro años de espacio, sueldo, foco y presencia pública.


Y lo más curioso es que ni siquiera parece tener el camino despejado dentro de su propio entorno. Porque una cosa es que la izquierda necesite caras conocidas y otra muy distinta es que todos estén dispuestos a dejarse apartar para que vuelva la niña de Sanidad a ocupar el escaparate.


García habla de trumpismo, de ultras, de peligro democrático y de todos los grandes comodines retóricos de la izquierda cuando no tiene una propuesta concreta. Pero el problema es más sencillo: Ayuso lleva años marcando el ritmo político en Madrid, y Mónica García quiere volver a colocarse frente a ella porque sabe que ahí, al menos, todavía puede rascar algo de protagonismo.

No es heroísmo. No es resistencia. No es compromiso con Madrid.


Es supervivencia política. Y bastante descarada.


Miguel Ángel Arranz

bottom of page