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Presupuestos para 2027: no cuela, Pedro

  • 8 jun
  • 3 min de lectura


Hay algo que ya empieza a resultar demasiado previsible en la política española. Cada vez que la situación judicial, política o mediática se complica para Pedro Sánchez, aparece una nueva maniobra destinada a cambiar la conversación. Esta vez le ha tocado el turno a los Presupuestos Generales del Estado para 2027.


Y la pregunta es sencilla: ¿de verdad alguien cree que la principal preocupación de los españoles en estos momentos son unos presupuestos para dentro de más de un año?


No cuela.


La estrategia es evidente. Se trata de construir el relato de que el Gobierno quiere gobernar, quiere aprobar presupuestos y quiere dar estabilidad, mientras la oposición, según su versión, solo piensa en derribar al Ejecutivo. Es una operación de comunicación más que una operación política. Un intento de desplazar el foco lejos de los problemas que realmente están ocupando titulares y preocupando a la ciudadanía.


Porque la realidad es que nadie está hablando de presupuestos. La gente habla de corrupción, de deterioro institucional, de la pérdida de confianza en las instituciones y de una situación política cada vez más irrespirable. Sin embargo, desde Moncloa pretenden que el debate nacional gire en torno a unas cuentas públicas que todavía ni existen.


Y además todos sabemos perfectamente lo que viene después.

Porque 2027 no es un año cualquiera. Es un año electoral. Y cuando se acercan las elecciones, el sanchismo siempre recurre al mismo manual. Un manual viejo, gastado y perfectamente reconocible. Llegarán los presupuestos “más sociales de la historia”. Llegará una nueva subida del salario mínimo. Llegará una nueva ampliación del ingreso mínimo vital. Llegarán nuevas contrataciones públicas. Llegarán incrementos salariales para los funcionarios. Llegarán nuevas promesas para pensionistas. Llegarán anuncios de miles de millones de euros que, casualmente, siempre aparecen cuando las urnas empiezan a asomar en el horizonte.


No es una previsión arriesgada. Es simplemente observar lo que ha ocurrido durante los últimos años. La cuestión no es si esas medidas pueden ser positivas o negativas en determinados casos. La cuestión es el uso político que se hace de ellas. La utilización constante de los recursos públicos como herramienta electoral. La construcción de una dependencia política basada en el miedo.


Porque el mensaje de fondo siempre es el mismo: o yo o el desastre. O yo o los recortes. O yo o la pobreza. O yo o el caos. Una visión profundamente paternalista que trata a los ciudadanos como si fueran incapaces de prosperar sin la tutela permanente del poder político. Una fórmula que consiste en convertir al Estado en el gran proveedor de soluciones para absolutamente todo mientras se alimenta la idea de que cualquier alternativa supone una amenaza existencial.


Y ahí reside el verdadero problema. Porque una democracia sana no puede funcionar sobre el miedo. No puede basarse en convencer a millones de personas de que su bienestar depende exclusivamente de que un líder permanezca en el poder. Las democracias maduras se construyen sobre instituciones fuertes, sobre crecimiento económico, sobre oportunidades y sobre la libertad de los ciudadanos para prosperar por sí mismos.


Por eso, cuando Pedro Sánchez empieza a hablar ya de los Presupuestos de 2027, la sensación que transmite no es la de un presidente concentrado en el futuro del país. La sensación que transmite es la de alguien que vuelve a intentar cambiar el tema de conversación. Y esta vez, sinceramente, no cuela.


Miguel Ángel Arranz


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