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QUE CONVOQUEN MÁS A MENUDO ELECCIONES

10 oct
2 min de lectura



Propongo una reforma urgente de nuestro sistema político: que se convoquen elecciones generales todos los años. Sí, todos los años. Porque, visto lo visto, parece que hemos descubierto la solución a todos los problemas de España. No hacen falta grandes acuerdos, reformas estructurales ni ocho años de Gobierno. Basta con pulsar el botón electoral y esperar a que empiece el espectáculo de los decretazos.


De repente, hay prisa por subir el salario mínimo interprofesional. De repente, toca mejorar las pensiones. De repente, aparecen soluciones para la vivienda. De repente, hay que subir el sueldo a los funcionarios. Decretazo por aquí, decretazo por allá. Y así, sucesivamente, hasta completar un catálogo de buenas noticias que adquieren una urgencia extraordinaria cuando los españoles están a punto de acudir a las urnas.


¡Qué maravilla! ¡Qué extraordinaria capacidad de reacción! Lo que durante años parecía complicado, imposible o sencillamente inabordable se convierte, por arte de magia electoral, en una cuestión de voluntad política. Y yo me pregunto: ¿por qué demonios hemos tenido que esperar a que se convoquen elecciones?


Porque si el Gobierno de Pedro Sánchez necesita enfrentarse a las urnas para descubrir que los españoles tienen problemas para pagar una vivienda, que los salarios no alcanzan o que los pensionistas necesitan mantener su poder adquisitivo, entonces tenemos un problema bastante más grave: un Gobierno al que parece que hay que ponerle fecha de caducidad para que se acuerde de gobernar.


Por eso, bienvenidas sean las elecciones. Pero no cada cuatro años. ¡Qué desperdicio de tiempo! Convoquémoslas cada doce meses. Incluso podríamos estudiar hacerlo cada seis. Imaginen las posibilidades: dos campañas electorales al año, dos oleadas de promesas y dos temporadas de decretazos.


Porque aquí está lo verdaderamente acojonante: lo que aparentemente no se puede solucionar en ocho años resulta que se puede abordar en cuarenta y cinco días.


Y no se trata de estar en contra de subir las pensiones, mejorar los salarios o facilitar el acceso a la vivienda. Todo lo contrario. Bienvenidas sean las medidas que mejoren la vida de los ciudadanos. Lo que resulta difícil de digerir es que la urgencia social parezca coincidir siempre con la urgencia electoral.


Los españoles no deberían necesitar unas elecciones para que sus gobernantes se acuerden de ellos. Durante años nos explican las dificultades, los obstáculos presupuestarios y las limitaciones económicas. Pero llega la campaña y, de pronto, aparece una capacidad de actuación que parecía escondida en algún cajón de la Moncloa.


Así que insisto: que convoquen más a menudo elecciones. Que no nos priven de semejante despliegue de eficacia. Porque, si este es el resorte que necesita el Gobierno sanchista para ponerse las pilas, sería una irresponsabilidad dejarlo descansar cuatro años.


Al final vamos a descubrir que en España no hacen falta legislaturas de cuatro años. Hacen falta campañas electorales permanentes. Este es el país que tenemos: ocho años para explicar por qué no se puede y cuarenta y cinco días para prometer que ahora sí.


Miguel Ángel Arranz

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