Quizá quien tenga que pedir perdón sea usted, señora Sheinbaum

Claudia Tacoronte Aguilera tenía 21 años, estudiaba cuarto de Educación Infantil en la Universidad de Granada y había viajado a México para completar parte de su formación. Llevaba menos de un mes allí. Hoy está muerta. Fue asesinada en Cuautla, en el estado de Morelos, y la Fiscalía mexicana investiga su muerte bajo el protocolo de feminicidio.
Conviene ser rigurosos. La investigación sigue abierta. Todavía no conocemos definitivamente el móvil del crimen y las primeras informaciones apuntan también a un posible robo con arma blanca. Será la Justicia mexicana quien determine qué ocurrió, quién la asesinó y por qué. No hace falta inventar nada. La realidad ya es suficientemente terrible.
Porque México arrastra desde hace años cifras insoportables de violencia contra las mujeres. Durante mucho tiempo hemos escuchado que alrededor de diez mujeres eran asesinadas cada día. Los últimos datos oficiales reflejan una reducción, pero siguen hablando de casi ocho mujeres víctimas diariamente de homicidio doloso o feminicidio.
Y hay un dato todavía más demoledor. Claudia estudiaba temporalmente en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Según las informaciones publicadas, otras tres estudiantes vinculadas a esa universidad ya habían sido asesinadas durante este mismo año. Claudia sería la cuarta.
Cuatro estudiantes asesinadas.
La Universidad de Granada, después del crimen, ha suspendido los intercambios previstos de tres estudiantes con esa universidad y ha ofrecido alternativas al resto. Algo estará pasando cuando una universidad española considera necesario adoptar una decisión semejante.
Y entonces aparece Claudia Sheinbaum.
La presidenta mexicana lleva años defendiendo que España y la Corona pidan perdón por los abusos cometidos durante la conquista hace cinco siglos. Incluso este mismo año volvió a insistir públicamente en ello.
Perfecto. La historia debe estudiarse, conocerse y también asumir sus atrocidades. Pero quizá ha llegado el momento de cambiar durante cinco minutos el siglo XVI por el siglo XXI.
Porque resulta difícil aceptar lecciones internacionales sobre responsabilidades históricas mientras mujeres mexicanas siguen siendo asesinadas hoy y mientras una estudiante española que viajó a México para estudiar termina regresando a su país en un féretro.
Quizá, señora Sheinbaum, antes de exigir perdón a los españoles de 2026 por lo que hicieron otros españoles hace quinientos años, debería preguntarse qué explicación merece una madre mexicana cuya hija fue asesinada ayer.
Nadie puede responsabilizar personalmente a una presidenta de cada asesinato cometido en un país de 130 millones de habitantes. Sería absurdo. Pero gobernar significa asumir responsabilidades. Y garantizar la seguridad de los ciudadanos es una de las primeras.
Claudia Sheinbaum no asesinó a Claudia Tacoronte. Evidentemente.
Pero Claudia Sheinbaum gobierna México. Y mientras pide mirar cinco siglos hacia atrás para buscar culpables, tiene delante mujeres que necesitan que su Estado sea capaz de protegerlas ahora. España puede discutir su historia. México también.
Pero los muertos de hace quinientos años pertenecen a la historia. Las mujeres asesinadas hoy pertenecen a su responsabilidad política.
Quizá quien tenga que empezar a pedir perdón sea usted, señora Sheinbaum.
Miguel Ángel Arranz
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