Rafael Sánchez Acera, en los papeles de la fontanera Leire Díez.
- 12 jun
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Hace apenas unas semanas escribíamos que el sanchismo no regala nada. Que en la política construida alrededor de Pedro Sánchez los favores rara vez son gratuitos. Se conceden después. Se pagan después. Se recompensan después. Y las informaciones publicadas estos días vuelven a situar esa reflexión sobre la mesa.
Según ha publicado Faro de Vigo, haciéndose eco de las notas atribuidas a Leire Díez, la conocida ya públicamente como la “fontanera del PSOE”, Alcobendas aparece mencionada en conversaciones relacionadas con operaciones empresariales y urbanísticas. Según dichas informaciones periodísticas, Alcobendas sería considerada un supuesto “eje de negocio” y se haría referencia a la buena relación existente entre determinadas personas vinculadas a operaciones inmobiliarias y el entonces alcalde socialista de la ciudad, Rafael Sánchez Acera.
Conviene dejar algo absolutamente claro desde el principio. Todo lo que se expone en esta columna parte de las informaciones publicadas por Faro de Vigo. Pero precisamente porque la investigación sigue abierta, las preguntas son más necesarias que nunca. Según esas informaciones, las anotaciones atribuidas a Leire Díez reflejarían conversaciones en las que se habla de Alcobendas, de terrenos, de financiación y de determinadas facilidades para operaciones empresariales. Incluso se recoge que un empresario se habría entendido “muy bien con el alcalde” y que ello permitiría determinadas facilidades para la adquisición de terrenos y financiación.
Si esas notas reflejan hechos reales o simples conversaciones lo deberán determinar los investigadores.
Lo que sí sabemos es que el nombre de Alcobendas aparece. Y también sabemos quién era el alcalde de Alcobendas en aquel momento. Rafael Sánchez Acera. Y aquí es donde algunos vecinos tenemos derecho a recordar determinados episodios que nunca terminaron de explicarse. Porque fue precisamente durante aquella etapa cuando Rafael Sánchez Acera decidió retirarme las competencias de Urbanismo. Una decisión repentina. Una decisión que jamás fue explicada de manera convincente. Una decisión que se tomó prácticamente de la noche a la mañana. Y una decisión que terminó colocando al frente del área a Aitor Retolaza.
¿Tiene aquello alguna relación con las informaciones que aparecen publicadas por Faro de Vigo? No lo sabemos. Sería irresponsable afirmarlo. Pero también sería irresponsable ignorar que las noticias conocidas estos días vuelven a situar el urbanismo de Alcobendas en el centro de determinadas conversaciones.
Respecto a Aitor Retolaza, tampoco existe ninguna información que permita atribuirle conducta irregular alguna. Cualquier conclusión en ese sentido sería una mera especulación. Sin embargo, si las investigaciones avanzan, será necesario conocer quién participó en las decisiones urbanísticas de aquella etapa y hasta dónde llegaron determinadas actuaciones.
Porque lo verdaderamente llamativo de las notas conocidas no es solamente la presencia de nombres concretos. Lo llamativo es el patrón. Terrenos. Financiación. Empresarios.
Contactos políticos. Y Alcobendas.
Exactamente el tipo de escenario que obliga a exigir explicaciones públicas.
Y hay otro detalle que tampoco debería pasar desapercibido.
Porque la política española tiene una extraña costumbre: quienes resultan especialmente útiles al partido rara vez terminan olvidados.
Conviene recordar que, tras abandonar la Alcaldía de Alcobendas, Rafael Sánchez Acera acabó siendo designado para ocupar un puesto de responsabilidad en una empresa pública dependiente del Gobierno de Pedro Sánchez, con una retribución superior a los 100.000 euros anuales.
Por supuesto, dicho nombramiento fue legal y no implica por sí mismo ninguna irregularidad.
Pero resulta inevitable preguntarse si estamos simplemente ante una coincidencia o ante uno de esos ascensos políticos tan habituales dentro de las estructuras de poder del sanchismo.
Porque cuando aparecen notas que hablan de relaciones privilegiadas, operaciones urbanísticas y empresarios; cuando esas notas sitúan a Alcobendas en el centro de determinadas conversaciones; y cuando uno de los protagonistas termina posteriormente ocupando un puesto de alta responsabilidad en el entramado público estatal, los ciudadanos tienen derecho a formular preguntas. Preguntas legítimas. Preguntas democráticas. Preguntas que no sustituyen el trabajo de la UCO ni el de los tribunales. Pero preguntas que exigen respuestas.
Rafael Sánchez Acera debería explicar qué relación mantuvo con Leire Díez.
Debería explicar si existieron reuniones y cuál fue su contenido. Debería aclarar qué operaciones urbanísticas se estaban analizando en aquellos años. Y debería aclarar por qué Alcobendas aparece reflejada en unas notas que hoy forman parte de una investigación de enorme trascendencia política.
Porque cuando una ciudad aparece asociada a presuntas maniobras urbanísticas, a empresarios con intereses concretos y a la denominada fontanería política del PSOE, el silencio no ayuda. El silencio genera dudas. Y las dudas solamente se despejan con transparencia. Y se necesita una explicación.
Pero mientras eso ocurre, los vecinos de Alcobendas tienen derecho a conocer toda la verdad. Y tienen derecho a exigir que quienes gobernaron la ciudad den la cara y expliquen exactamente qué ocurrió.
Miguel Ángel Arranz

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