Se doblegan delante de Sánchez
- 13 dic 2025
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Llamarlo “golpismo mediático” es un insulto a la inteligencia. Lo que estamos viendo no es un ataque a la democracia: es su degradación. Cientos de periodistas firmando un manifiesto en defensa del presidente del Gobierno no es libertad de prensa, es alineamiento forzado. Esto sí que es golpismo: el del poder utilizando a la prensa como parapeto, coro y coartada.
Nos tenían acostumbrados a este tipo de ejercicios el artisteo subvencionado y los progretontos de manual. Firmaban manifiestos con la tranquilidad de quien sabe que hay dos opciones: o estás con el sanchismo o se te cierra el grifo. Cultura, cine, teatro… ahí el mecanismo llevaba años funcionando sin complejos. La novedad es que ahora les ha tocado a los periodistas. Y han respondido igual. O apoyas al sanchismo o te arriesgas a quedarte fuera. Así de simple. Así de cutre.

Cuando la prensa deja de fiscalizar al poder para abrazarlo, la democracia entra en cuidados intensivos. Y si hacen falta manifiestos, es que algo va muy mal. Muy mal en el PSOE. Muy mal en el sanchismo. Y muy mal en Pedro Sánchez.
Nos dirán —ya lo están diciendo— que lo hacen por la libertad, por la democracia, contra los bulos y el acoso. Mentira. Lo hacen por miedo. Por el puesto. Por el contrato. Por la subvención directa o indirecta. Por la llamada pendiente de Moncloa. Aquí no hay valentía ni compromiso cívico: hay supervivencia profesional.
Pedro Sánchez no se defiende solo. Nunca lo ha hecho. Siempre ha necesitado aparato, red y altavoces. RTVE, los digitales militantes, los periódicos enloquecidos disparando siempre en la misma dirección, los tertulianos que llevan años matando por Pedro Sánchez mientras se autodenominan “independientes”. Y ahora toca devolver favores. Ahora Moncloa levanta el teléfono y dice: “Ahora os toca a vosotros. Ahora firmáis. Ahora os mojáis”.
Y firman. Sin matices. Sin crítica. Sin rubor.
Este manifiesto no es un punto de llegada, es un aviso. El preludio de algo mucho peor. Porque cuando el poder siente que vienen mal dadas, cuando sabe que la corrupción va a saltar un día sí y otro también, cuando huele desgaste y final de ciclo, necesita blindarse. Y lo hace controlando el relato, disciplinando a la prensa y señalando a quien se sale del guion.
No estamos ante periodistas defendiendo la democracia. Estamos ante el poder cobrando favores y dejando claro el precio de la disidencia. Y cuando la prensa deja de preguntar y empieza a firmar manifiestos, deja de ser prensa y pasa a ser aparato.
Esto no es golpismo mediático contra Sánchez.
Esto es el sanchismo dando un golpe definitivo a la credibilidad del periodismo.
Y lo más grave es que ya ni siquiera intentan disimularlo.
Miguel Ángel Arranz





