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Socialistas de Alcobendas: no pongáis la mano en el fuego por nadie.

  • 27 may
  • 2 min de lectura

Actualizado: hace 7 días



Hay algo profundamente revelador en toda la historia de Pilar Sánchez Acera. No ya solamente por el famoso “pantallazo” del entorno del novio de Ayuso. No. Lo verdaderamente relevante es el ecosistema político que representa. Ese PSOE de aparato, de pasillos, de operaciones internas, de lealtades de clan y de fontanería permanente que lleva demasiados años funcionando alrededor del sanchismo. Y ahora empiezan a aparecer las grietas.


Porque resulta curioso escuchar eso de “no recuerdo quién me lo dio”, “no sabía el origen”, “no sé de dónde salió”. Siempre la misma niebla cuando las cosas se complican. Nadie sabe nada. Nadie recuerda nada. Nadie fue. Hasta que aparecen autos judiciales, declaraciones, mensajes o testimonios y entonces empieza el clásico “yo pasaba por allí”. Pero aquí hay otra derivada política importante que muchos en Alcobendas deberían empezar a mirar con calma.


Mucho cuidado con poner la mano en el fuego por determinados apellidos políticos, como el de los hermanos Sánchez Acera


Mucho cuidado con construir carreras políticas enteras al calor de determinadas familias, determinados entornos y determinadas redes de poder internas. Porque cuando llegan mal dadas, los mismos que parecían intocables acaban convirtiéndose en un problema político de primer nivel.

Y esto va también para los socialistas locales, para los Sánchez Sanguino de turno y para toda esa estructura política que durante años ha vivido cómoda bajo el paraguas del sanchismo madrileño y de figuras como Pilar Sánchez Acera.


Porque la política española está llena de ejemplos recientes de gente que hace cuatro días era presentada como “ejemplar”, “intachable” o “referente moral” y hoy muchos fingen no conocerlos.


Ahí está Zapatero. Durante años elevado a categoría de gurú moral del progresismo oficial. Intocable. Incuestionable. Y ahora, conforme aparecen determinadas informaciones, más de uno empieza a tomar distancia discretamente por si acaso el incendio termina llegando demasiado cerca.


Pues con Sánchez Acera puede ocurrir exactamente lo mismo.

Porque el problema del sanchismo no es solamente la corrupción política clásica. El problema es la cultura política que ha generado: una mezcla de aparato, utilización institucional, operaciones mediáticas, lealtades personales y protección mutua donde demasiada gente acaba creyéndose impune.


Y luego pasa lo de siempre: cuando el barco empieza a hundirse, todos dicen que no conocían al capitán.


En Alcobendas harían bien algunos en ir tomando nota. Porque las fotos, las lealtades ciegas y los padrinazgos políticos duran mucho… hasta que dejan de durar, al tiempo ........


Miguel Ángel Arranz

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