top of page

Sánchez paga la última factura al nacionalismo

  • 24 may
  • 2 min de lectura


Ya no hay ni proyecto político, ni relato, ni gestión. Lo único que queda es supervivencia. Supervivencia pura y dura.


El acuerdo de infraestructuras con Cataluña no es un pacto estratégico para modernizar el país. Tampoco responde a una visión territorial equilibrada. Es, simple y llanamente, otra factura política pagada por Pedro Sánchez para mantenerse una hora más en La Moncloa.


Y a estas alturas ya no engaña a nadie.

Porque aquí hay una realidad evidente: los partidos nacionalistas han sostenido al sanchismo únicamente para aprovecharse de su debilidad. No por convicción ideológica. No por estabilidad institucional. No por responsabilidad de Estado. Lo han sostenido porque descubrieron hace años que Sánchez estaba dispuesto a dar, dar y dar con tal de seguir sentado en el poder.


Y eso es exactamente lo que ha ocurrido durante toda esta legislatura.

Indultos. Amnistía. Cesiones competenciales. Blindajes políticos. Privilegios fiscales. Transferencias. Inversiones multimillonarias. Traspasos estratégicos. Todo negociable. Todo intercambiable. Todo al servicio de una única obsesión: resistir un día más.


Pedro Sánchez convirtió el Gobierno de España en un mercadillo político permanente donde cada voto parlamentario tenía precio.

Y los nacionalistas, por supuesto, aprovecharon la oportunidad.


Porque el nacionalismo catalán podrá disfrazarse de idealismo identitario, pero cuando huele debilidad en Madrid actúa como una maquinaria perfectamente pragmática. Sabe cuándo presionar. Sabe cuándo exigir. Y, sobre todo, sabe cuándo el ciclo político empieza a agotarse. Y eso es exactamente lo que está pasando ahora.


ERC y el separatismo llevan meses percibiendo que el sanchismo entra en fase terminal. Lo ven en el desgaste político, en el agotamiento institucional, en la erosión judicial, en la debilidad parlamentaria y en la pérdida de credibilidad pública. Saben que el “chollo” puede acabarse antes de lo previsto.


Por eso están acelerando. Quieren dejar firmadas todas las concesiones posibles antes de que el escenario cambie. Quieren blindar inversiones, estructuras propias, competencias y capacidad financiera antes de que desaparezca el Gobierno más entreguista que ha tenido jamás el nacionalismo catalán en España.


Porque difícilmente volverán a encontrar un presidente dispuesto a ceder tanto a cambio de tan poco. Y mientras tanto, Sánchez inicia lo que ya parece evidente: la operación aguante. No gobernar. Aguantar. No transformar España. Aguantar. No solucionar problemas estructurales. Aguantar.


Estirar la legislatura como sea, aunque el precio sea seguir troceando competencias, privilegios e inversiones a medida para quienes llevan décadas diciendo que España es poco menos que un país opresor. Esa es la gran contradicción del sanchismo: cuanto más atacaban al Estado quienes hoy le sostienen, más recompensados han sido.


Y ahora estamos viendo la última fase del modelo. Un Gobierno agotado intentando comprar oxígeno político mientras sus socios aprovechan los últimos minutos de debilidad para vaciar la caja antes de que se apague la luz.


Miguel Ángel Arranz

bottom of page