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Todo computa como vivienda construida en Alcobendas

29 ago
2 min de lectura


En Alcobendas hemos descubierto una nueva modalidad de construcción que puede revolucionar el urbanismo mundial: construir viviendas sin necesidad de construirlas. No hacen falta ladrillos, hormigón, grúas ni albañiles. Basta una infografía bonita, una nota de prensa, un atril y, si la ocasión lo merece, una visita institucional. A partir de ahí, la vivienda parece entrar automáticamente en el particular contador político del Gobierno municipal.


Rocío García Alcántara ha encontrado en la vivienda uno de los grandes escaparates de su mandato y, cuando hay que alimentar ese escaparate, todo vale. Si se sortean viviendas aunque todavía no pueda verse un solo ladrillo, ya tenemos vivienda. Si viene Isabel Díaz Ayuso a presentar o inaugurar políticamente un proyecto, prácticamente podemos ir colocando las cortinas. Y si se convoca una rueda de prensa delante de una infografía con edificios que todavía existen únicamente en una pantalla, tampoco pasa nada: otra promoción para el relato.


Todo computa como vivienda construida en Alcobendas.


A este ritmo, el problema de acceso a la vivienda se puede solucionar en una semana. Encargamos veinte renders, organizamos quince ruedas de prensa, presentamos cuatro planos y antes del viernes hemos construido media ciudad. Eso sí, sobre el papel. Luego está ese pequeño detalle que parece haberse convertido en secundario: que las viviendas existan físicamente, estén terminadas y puedan entrar a vivir en ellas sus adjudicatarios.


Porque una cosa es una vivienda anunciada, otra una vivienda proyectada, otra una vivienda licitada, otra una vivienda en construcción y otra, bastante diferente, una vivienda construida. Parece una obviedad, pero en política municipal conviene recordarlo cuando se empiezan a mezclar todas las categorías hasta conseguir el número que interesa colocar en el titular.


El objetivo es evidente: poder llegar dentro de un tiempo y anunciar que durante este mandato se han impulsado, promovido, iniciado, proyectado o construido —ya encontraremos el verbo adecuado— tropecientas mil viviendas en Alcobendas. Y cuantos más conceptos metamos dentro de la misma bolsa, mayor será la cifra.


No cuestiono que se anuncien promociones, que se planifique vivienda pública ni que se informe de los proyectos. Al contrario. Lo que cuestiono es esa obsesión por convertir cada trámite administrativo en una inauguración y cada presentación en un éxito consumado. Gobernar no consiste en fotografiar el futuro hasta conseguir que parezca presente.


La vivienda es un asunto demasiado serio para convertirlo en una competición de titulares. Hay familias esperando, jóvenes incapaces de emanciparse y vecinos que quieren saber qué se está construyendo realmente, cuándo estará terminado y cuándo podrán vivir allí. A ellos una infografía no les sirve para independizarse y una rueda de prensa no les entrega las llaves.


Por eso sería bastante sencillo establecer un criterio que todos pudiéramos entender: cuando haya edificio terminado, contamos vivienda construida. Mientras tanto podremos hablar de viviendas previstas, proyectadas, adjudicadas, sorteadas o en ejecución. Cada cosa por su nombre.


Pero claro, entonces quizá el contador avanzaría bastante más despacio.

Y una cosa es construir viviendas.


Otra, mucho más rápida, es construir el relato de que ya las has construido.


Miguel Ángel Arranz

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