Toma dos tazas
- 19 jun
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Hay decisiones que retratan mejor una forma de gobernar que cien discursos institucionales. Lo ocurrido con la visita de José María Aznar a Alcobendas es una de ellas.
Hace apenas unas semanas, los vecinos recibían en la revista municipal Siete Días una promoción a página completa anunciando la presentación de su libro. Una página entera en un medio financiado con dinero público. Un privilegio que rara vez disfrutan escritores, historiadores, investigadores o autores locales que llevan años aportando valor cultural a la ciudad. Porque no nos engañemos: José María Aznar no viene a Alcobendas porque sea uno de los grandes nombres de la literatura contemporánea. Viene porque es una figura política de primer nivel y porque su presencia tiene una evidente utilidad política para quienes gobiernan el Ayuntamiento.

Pero parece que una página no era suficiente. Ahora llega la segunda taza. La contraportada. El espacio más visible de toda la publicación. Ya no se trata simplemente de anunciar un acto. Ahora se muestra directamente la portada del libro, se destaca la obra y se invita al público a acudir a un evento cuyo resultado natural será la promoción y venta de ejemplares. Dicho de otra manera: un medio público repartido en decenas de miles de hogares sirve como escaparate publicitario para un producto privado.
Y aquí es donde surge la pregunta incómoda. ¿Cuántos autores han recibido este tratamiento? ¿Cuántos escritores han contado con una página interior y posteriormente con la contraportada de la revista municipal para promocionar sus obras? ¿Cuántos vecinos que escriben libros, investigan o publican ensayos han tenido acceso a semejante despliegue institucional?
La respuesta parece bastante evidente. El beneficio es doble. Por un lado, José María Aznar obtiene una campaña de promoción difícilmente cuantificable económicamente. Miles y miles de hogares reciben información sobre su libro sin que el autor tenga que asumir el coste de esa publicidad. Por otro, la alcaldesa Rocío García Alcántara obtiene la fotografía política que busca. La imagen junto a un expresidente del Gobierno, la proyección mediática y el refuerzo de determinados vínculos dentro de su espacio político.
Mientras tanto, los vecinos pagan la factura.
Porque Siete Días no es una revista privada. No es el boletín interno de un partido político. No es una publicación de una editorial. Es un medio municipal sostenido con recursos públicos que debería estar al servicio de todos los vecinos y no convertirse en una herramienta promocional para beneficiar simultáneamente la imagen de unos y el negocio de otros.
Primero una página. Después la contraportada.
Como se suele decir, si una taza parecía poca cosa, aquí ya nos han servido dos. Y ambas las pagan los vecinos de Alcobendas.
Miguel Ángel Arranz

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