¿ Dónde está la flotilla rumbo a Irán?
- 13 ene
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¿Y dónde está Ada Colau?
Esa Ada Colau de gesto grave, mirada compungida y tono semitrágico, siempre dispuesta a posar ante la cámara cuando toca indignarse. ¿Dónde está su imagen, seria y solemne, rumbo a Irán? ¿Dónde está su comunicado urgente? ¿Dónde está su foto en cubierta, viento en la cara y causa justa en el pecho?
Y ya puestos, ¿dónde están todos aquellos concejales y diputados que hace no tanto se rasgaban las vestiduras? Los mismos que hablaban de épica, de sacrificio, de heroísmo. Los que pedían poco menos que honores de Estado para quienes se subían a aquellos barcos, elevándolos a la categoría de mártires civiles de su causa ideológica. ¿Dónde están ahora? ¿Dónde están cuando la represión no encaja en su relato?
Porque si esto fuera coherente —si de verdad fuera una cuestión de derechos humanos— deberían estar ya organizando flotillas rumbo a Irán. Deberían estar denunciando la masacre del pueblo iraní con la misma vehemencia, el mismo dramatismo y la misma cobertura mediática. Pero no. Silencio. Ausencia. Desaparición total.
Y no, no es despiste ni desconocimiento. Es selección. Selección ideológica del dolor ajeno. Aquí no se defiende al oprimido; se defiende la causa que conviene. Se elige al muerto que suma y se ignora al que incomoda. Se milita en la estética del sufrimiento, no en la defensa universal de la vida.
Esto podría contarse en clave de sarcasmo. Pero no tiene gracia. Es triste. Es la prueba definitiva de que esta izquierda no es humanista, es ideologista. No actúa por principios, sino por narrativa. No busca justicia, busca foco. Y cuando el foco no apunta donde ellos quieren, simplemente miran a otro lado.
Así que sigo esperando. A Ada Colau. A los concejales. A los diputados. A las flotillas. A la épica. A la indignación. A todo ese teatro moral.
Igual no llegan nunca. Porque cuando los derechos humanos chocan con la ideología, la ideología siempre gana. Y eso no es para reírse. Es para retratarlo.
Miguel Ángel Arranz





