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No era una teoría: era un plan

  • 1 feb
  • 1 Min. de lectura


Lo dije dos veces. Por escrito. Sin eufemismos. Y hoy el vídeo no hace más que confirmar lo evidente: no estamos ante improvisación, estamos ante una estrategia política consciente.


Esto no va de derechos humanos, ni de solidaridad, ni de deuda histórica. Eso es el envoltorio para ingenuos.

Va de engordar censos, crear dependencias y fabricar votantes cautivos. Punto.


La llamada teoría del reemplazo no era un delirio conspiranoico: era la descripción incómoda de una política pública real, ejecutada a medio y largo plazo. Y ahora, cuando los hechos ya son imposibles de ocultar, pretenden que miremos a otro lado o que discutamos etiquetas mientras el tablero ya está marcado.


Y no, no es una guerra contra la derecha, ni contra “los fachas”, ni contra ningún espantajo ideológico que se inventan para excitar a su parroquia. Es algo mucho más crudo: supervivencia política.


Cuando tu modelo fracasa, cuando tu gestión empobrece, cuando ya no convences… no rectificas: cambias el electorado. Importas dependencia.

Subvencionas lealtad. Diluyes al contribuyente crítico.


Y después llamas “odio” a quien se atreve a señalarlo. A mí ya no me sorprende nada de esta basura política. Nada.

su cinismo, ni su desfachatez, ni su costumbre de llamar democracia a lo que es ingeniería social electoral.


Lo verdaderamente obsceno no es que lo hagan. Lo obsceno es que lo nieguen mientras lo ejecutan. Y que todavía haya quien finja no verlo.


Yo ya lo dije. Dos veces. Hoy simplemente toca constatar que tenía razón.


Miguel Angel Arranz

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