La derecha en España no sabe gestionar la llegada al poder
- 27 feb
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Actualizado: 28 feb

Lo que está ocurriendo estos días con Vox en distintas comunidades autónomas no es una anécdota ni una simple crisis interna. Es un patrón. Y no es nuevo. Es estructural.
Cada vez que la derecha española huele poder, se activa el mismo mecanismo: lucha interna, recelos, cuotas, territorios, egos. Antes de tocar gobierno, ya están discutiendo cómo repartírselo. Antes de consolidar mayorías, ya están midiéndose entre ellos. Y eso, políticamente, es suicida.
Lo estamos viendo con Vox en Murcia. Lo veremos en Andalucía. Ocurrirá en Castilla y León. Está pasando en Aragón. Pasará en Extremadura. No importa que desde Madrid intenten pilotar las negociaciones o imponer disciplina. Cuando el poder se territorializa, afloran las guerras internas. Y eso es intrínseco a la cultura política de la derecha en España.
La derecha lleva treinta años cometiendo el mismo error: competir antes de gobernar. Dividirse antes de consolidarse. Ir fragmentados a las citas decisivas porque cada actor quiere su espacio, su protagonismo, su parcela. No entienden algo básico: primero se conquista el poder; después se reparte.
La izquierda, en cambio, sí lo entiende. No porque sea más virtuosa. Sino porque es más pragmática. Cuando se trata de alcanzar el poder, actúan en bloque. Pactan aunque se detesten. Se necesitan y lo asumen. Van juntos a por el objetivo. Luego, cuando ya están dentro, ya se pelearán por ministerios, cuotas o liderazgo. Pero el poder primero se conquista; después se administra.
La derecha española hace justo lo contrario. Se desangra antes de tiempo. Se desgasta en luchas internas mientras su adversario construye mayorías. Y después se pregunta por qué pierde oportunidades históricas.
Ni Partido Popular ni Vox pueden pensar que el control nacional evita las guerras territoriales. No funciona así. Las comunidades tienen dinámicas propias, liderazgos propios y ambiciones propias. Si no hay cultura de bloque, habrá guerra interna. Y la guerra interna desgasta más que la oposición.
El problema no es ideológico. Es cultural. Es de gestión del poder. La derecha española no ha aprendido a llegar unida cuando el momento lo exige. Y mientras no lo entienda, seguirá regalando oportunidades.
Quizá por eso la izquierda, con menos respaldo social en determinados momentos, consigue mantenerse. Porque entiende que el poder no se conquista desde la pureza, sino desde la suma.
La derecha, en España, nunca ha sabido gestionar la llegada al poder. Y hasta que no lo asuma, seguirá tropezando con la misma piedra.
Miguel Ángel Arranz





