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¿ VOX es igual que PODEMOS ?

  • 12 feb
  • 2 Min. de lectura


Es una frase que se repite con cierta alegría: Vox será como Podemos. Tendrá un pico, tocará techo, se desinflará y el sistema volverá a su estado natural. Es casi un axioma para algunos analistas. Una especie de ley física aplicada a la política española.


Yo no lo veo así. Y no por ideología. No tiene nada que ver con que uno esté en la derecha y el otro en la izquierda. Estamos hablando de evolución política, de estructura del sistema y de dinámica electoral.


Durante años se ha dicho que volveríamos al bipartidismo. Lo escuchamos tras la irrupción de Podemos. Lo escuchamos tras la entrada de Ciudadanos. Lo volvimos a escuchar cuando ambos comenzaron a perder fuerza. Y, sin embargo, el bipartidismo nunca ha regresado realmente. Se ha reajustado, sí. Se ha fortalecido en momentos concretos, también. Pero el tablero ya no es el de 2008.


España ya no es un sistema de dos columnas. Es un sistema con un tercer espacio permanente. Un espacio que no desaparece, que muta, que cambia de manos, que se reconfigura elección tras elección, pero que está ahí. Y ese tercer espacio es el que define mayorías.


Podemos ocupó durante un tiempo ese hueco desde la izquierda. Capitalizó indignación, crisis económica y desgaste institucional. Pero su declive no significó el regreso al viejo esquema. Lo que ocurrió fue otra cosa: el espacio no desapareció, simplemente se desplazó.


Ahora la pelea no es entre dos bloques cerrados, sino por la hegemonía dentro de cada bloque y, sobre todo, por el control de ese tercer carril que decide gobiernos.


Además, si miramos a Europa, la tendencia de ese espacio no es neutra. En la mayoría de países, el crecimiento de fuerzas alternativas se está produciendo en el ámbito del centro-derecha o de la derecha dura. No es una cuestión moral ni ideológica; es un dato estructural. La oferta política que está capitalizando el descontento en buena parte del continente no es de izquierdas.


Por eso la comparación automática entre Vox y Podemos es simplista. No porque no puedan sufrir desgaste —todo partido lo sufre— sino porque el contexto estructural no es el mismo. Podemos irrumpió en un ciclo económico y social muy concreto. Vox crece en otro muy distinto: crisis territorial, debate identitario, inseguridad cultural, cuestionamiento del modelo europeo.


¿Puede Vox reducirse? Evidentemente. ¿Puede reorganizarse el espacio? También. Pero pensar que el sistema volverá mágicamente a dos partidos fuertes y nada más es ignorar quince años de transformación política.


El bipartidismo no vuelve porque el elector ya no es el mismo. La volatilidad ha llegado para quedarse. El tercer espacio existe. Se disputa. Y hoy, la tendencia en Europa indica que ese espacio no se está inclinando hacia la izquierda.


Por eso Vox no es igual que Podemos.


Y quien no entienda que el tablero ha cambiado, seguirá analizando la política actual con un mapa que ya no sirve.


Miguel Ángel Arranz

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