top of page

Zapatero ¿ quién es ese ?

  • 20 may
  • 2 min de lectura


La imputación de José Luis Rodríguez Zapatero por el caso Plus Ultra abre una escena política perfectamente previsible: primero vendrá el abrazo cerrado del PSOE; después, el ataque a los jueces; luego, el ataque a la Policía; y, si la cosa se pone fea, el olvido colectivo. La Audiencia Nacional lo ha citado como investigado en una causa vinculada al rescate de Plus Ultra, y él ya ha negado haber realizado gestiones ante administraciones públicas.


El guion es viejo. Lo hemos visto demasiadas veces. En la primera fase, Zapatero será presentado como un hombre limpio, impecable, casi ajeno al barro del poder. Dirán que es imposible, que no encaja con su trayectoria, que no puede ser corrupto porque sonríe despacio y habla como si estuviera bendiciendo una ONG.


Después llegará la segunda fase: si el auto aprieta, el problema ya no será Zapatero. Será el juez. La justicia será “facha”, “golpista”, “reaccionaria” o cualquier otra palabra de manual para no contestar al fondo del asunto.


Y si la Policía sigue tirando del hilo, llegará la tercera fase: la UDEF pasará a ser policía patriótica, cloaca, conspiración, aparato oscuro del Estado. Todo menos asumir que quizá el problema no está en quien investiga, sino en lo que aparece cuando se investiga.


Pero la fase más repugnante será la última. Si Zapatero acaba sentado en el banquillo, muchos de los que hoy se declaran conmovidos empezarán a mirar al suelo. Los mismos que ahora hablan de su inocencia dirán que ellos no sabían nada. Los que hoy lo protegen hablarán mañana de “responsabilidades individuales”. Y los más cobardes empezarán con la frase clásica: “Esto se veía venir”.


Así funciona esta maquinaria moralmente podrida: primero blindan al compañero, luego insultan al juez, después desacreditan a la Policía y, finalmente, niegan haber conocido al cadáver político que ellos mismos pasearon durante años como referente ético.


El problema ya no es solo Zapatero. El problema es el ecosistema que siempre reacciona igual cuando la corrupción llama a su puerta: no limpia la casa, baja las persianas.


Miguel Ángel Arranz

bottom of page