Óscar López: «Hay jueces que prevarican»
- 11 jun
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Hay momentos en los que una frase retrata perfectamente el estado de descomposición política de un proyecto.
Y la frase de Óscar López afirmando que “hay jueces que prevarican” es uno de esos momentos.
Porque ya no estamos ante una defensa política. Ya no estamos ante una explicación. Ya no estamos ante una versión alternativa de los hechos.
Estamos ante la vieja estrategia de las cloacas políticas: desacreditar al que investiga cuando ya no se puede controlar la investigación.
Durante años, el sanchismo ha construido un relato en el que siempre existe un enemigo exterior. Un enemigo al que culpar de todo. Si aparecen audios, la culpa es de quien los publica. Si aparecen informes, la culpa es de quien los investiga. Si aparecen sumarios, la culpa es del juez.
Si aparecen imputaciones, la culpa es de una conspiración. Y ahora resulta que el problema de España no son los escándalos, no son las investigaciones ni son las personas que aparecen una y otra vez en los procedimientos judiciales. No. El problema son los jueces.
Eso es exactamente lo que viene a decir Óscar López. Y lo más grave es que no parece una declaración aislada. Parece la continuación de una estrategia perfectamente reconocible: convertir a las instituciones del Estado en sospechosas cuando dejan de estar al servicio del relato oficial.
Hoy ya no se habla de aclarar los hechos. Se habla de desacreditar a quienes intentan aclararlos. Hoy ya no se responde a las investigaciones. Se responde atacando a los investigadores. Y eso es profundamente peligroso.
Porque una democracia sana acepta que los jueces investiguen, que los periodistas publiquen y que la oposición fiscalice. Una democracia enferma convierte a jueces, periodistas y opositores en enemigos públicos. Por eso las palabras de Óscar López son tan graves.
Porque llegan en un momento en el que alrededor del PSOE se acumulan procedimientos judiciales, imputaciones, declaraciones, informes y sospechas que afectan a personas relevantes de su entorno político.
Y en lugar de explicar por qué aparecen esos nombres una y otra vez, algunos dirigentes han optado por una huida hacia adelante cada vez más agresiva. Ya no basta con hablar de bulos.
Ya no basta con hablar de conspiraciones. Ahora directamente se señala a los jueces. El problema para el sanchismo es que la realidad acaba imponiéndose siempre. Y cuanto más se intenta desacreditar a las instituciones, más evidente resulta el nerviosismo.
Porque quien está convencido de su inocencia suele querer que las investigaciones terminen. Quien tiene miedo a lo que puedan descubrir suele intentar desacreditar a quienes investigan. Y esa diferencia cada día resulta más difícil de ocultar. La pregunta ya no es hasta dónde llegará la investigación.
La pregunta es hasta dónde están dispuestos a llegar algunos para desacreditar a cualquiera que se atreva a investigar. Porque cuando un Gobierno empieza a ver jueces enemigos, periodistas enemigos y oposición enemiga, quizá el problema ya no esté en los jueces, ni en los periodistas, ni en la oposición.
Quizá el problema esté en el espejo.
Miguel Ángel Arranz

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